Las próximas 24 horas serán vitales para evacuar el Centro de Convenciones
La zona cero de la catástrofe se debate entre la supervivencia y laviolencia «Me encuentro desamparada, nadie se ha hecho cargo de mí» Ochenta expertos en logística de la Cruz Roja, entre ellos seis españoles, viajan a la zona
Para los que han sobrevivido a «Katrina» el infierno se llama ahora Nueva Orleans
Una mujer espera junto a sus hijos a ser evacuada en Nueva Orleans
Habitantes de Nueva Orleans, en el estado norteamericano de Luisiana, que sobrevivieron a la furia del huracán «Katrina» jamás imaginaron que la peor parte de la pesadilla apenas ha empezado. Las escenas dantescas que han tenido que vivir las miles de personas que esperan ser evacuadas son dignas de cualquier apocalipsis. El apeadero donde muchos esperan conseguir un autobús que los lleve a un sitio seguro se ha convertido en una inmensa letrina pública. En el lugar, cerca del Centro de Convenciones, alrededor de 50 mil personas a la intemperie esperan día y noche uno de los autobuses que puedan llevarlos finalmente al vecino estado de Texas. El apeadero ha sido acondicionado con 16 baños públicos, pero resultan insuficientes para las miles de personas que se ven obligadas a realizar sus necesidades en la vía pública. La basura acumulada y las materias fecales han originado una pestilencia insoportable mientras helicópteros traen alimentos y rescatan heridos. Las altas temperaturas, que han llegado a superar los 40 grados centígrados, han causado centenares de desmayos entre los ansiosos pasajeros. El viernes, los autobuses suspendieron el servicio durante varias horas debido a la falta de combustible. Mientras la mayoría intenta escapar del lugar a cualquier coste, algunos se muestran renuentes a viajar a Texas, un lugar al que no pertenecen. «No quiero ir a Texas, no conozco a nadie allá», declaró una anciana sobreviviente que no quiso dar su nombre. «Prefiero ir a un lugar más cerca donde tengo familiares». Las críticas del alcalde de Nueva Orleans, Ray Nagin, por la lentitud del gobierno federal para atender a los millares y millares de damnificados, en su mayoría negros y pobres, parece que empiezan a dar resultados. «Me siento mucho mejor. Siento como si hubiésemos conseguido la atención de todos y afortunadamente (los equipos de rescate) van a continuar haciendo lo que hacen», dijo ayer Nagin. Durante las últimas 24 horas decenas de vehículos militares lograron adentrarse en el centro de Nueva Orleans para repartir las primeras toneladas de provisiones. Si bien el suministro de alimentos entregados por voluntarios del Salvation Army han ayudado mucho, ha sido poco para satisfacer la demanda. Según el teniente general responsable de las operaciones de rescate en la ciudad, Russel Honere, «las próximas 24 horas serán vitales para nosotros porque queremos evacuar» por completo el Centro de Convenciones. Será un trabajo duro pero «tenemos las condiciones y se hará», aseguró el responsable militar, a quien Ray Nagin definió como el John Wayne adecuado para esta misión. Hasta el momento los miembros de la Guardia Nacional y de la Cruz Roja que ayudan en acciones de socorro han resultado insuficientes ante el gran número de heridos. Sin recursos Los camiones militares no dan abasto para rescatar a personas discapacitadas que utilizan sillas de ruedas y cuya evacuación en aviones o autobuses resulta muy difícil. La mayoría de los pacientes de los dos hospitales de la ciudad con más problemas por la falta de suministros, el Charity y el Universitario, están siendo evacuados vía aérea. Las bandas portaequipajes del aeropuerto asemejan una inmensa camilla portátil que transporta cantidades interminables de heridos y enfermos hacia los aviones. La sala de espera del aeropuerto internacional Louis Amstrong se parece a un campo de concentración, pero lo peor aún puede estar por llegar. Lorena Hernández es una universitaria valenciana de 22 años atrincherada en la residencia Saint Vicent de Nueva Orleans, ciudad en la que estudia Traducción e Interpretación en la Universidad de Loyola. Esta joven se deshace en lágrimas cuando llegamos los periodistas españoles. Nuestra presencia le provoca alegría y disgusto al mismo tiempo. Como ella dice: «Alegría porque os veo, pero disgusto porque vosotros no me podéis sacar de la ciudad. Tras la evacuación de otras dos familias españolas, ella es la única de nuestro país que está pendiente, que se sepa, de los diplomáticos de Houston para que la alejen de la ciudad fantasma. Está aterrorizada. Intentó salir de la pensión y de la ciudad en coches que pasaban por la calle, en autobuses... Pero los policías a los que se acercaba le daban informaciones contradictorias sobre su posible desplazamiento al Superdomo o al Centro de Convenciones para ser evacuada. Esas zonas, a tres bloques de su pensión, están llenas de violencia, le aseguraron. Y se quedó en la residencia. Además, le dolía abandonar la pensión si no lo hacía toda la gente que estaba con ella, unas 30 personas, de ellas doce niños. Veía policías con chalecos antibalas y escuchaba disparos. Sintió verdadero miedo, afirma. El mismo que se percibe en todos los habitantes de Nueva Orleans. Lorena está en una habitación con una amiga americana sin luz ni agua, pero tienen comida. Pudo comunicarse con el exterior con un teléfono que funciona en un apartamento anexo a la residencia, una vez al día con sus padres. El último, el pasado viernes. A través de estas llamadas supo que el consulado había anunciado a sus padres su traslado a Houston y así se lo comunicó su familia. Más de 80 expertos en desastres de la Cruz Roja de más de 10 países, entre ellos seis españoles, ya están en Estados Unidos o se disponen a viajar a este país para ayudar a los voluntarios de la Cruz Roja Americana a suministrar alimentos y refugio a las decenas de miles de afectados. Los seis delegados de Cruz Roja Española saldrán hoy desde el Barajas y su tarea prioritaria será ayudar a «cubrir las necesidades básicas de las personas que se encuentran en los albergues», precisó en un comunicado Cruz Roja Española. El responsable del Departamento para América de la Federación Internacional afirmó que pueden ofrecerán «conocimientos especializados».