Diario de León

Beslán, la ciudad triste

El luto por las 331 víctimas masacradas en un gimnasio abren el debate de la seguridad en Rusia

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Sergio Imbertmoscú
León

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Los deudos de las víctimas de la masacre de Beslán, y con ellos toda Rusia, guardaron ayer un minuto de silencio en memoria de sus hijos y familiares que murieron, hace exactamente un año, en el sangriento desenlace de aquella crisis de los rehenes. A las 13.05 hora local, 11.05 hora española, sobrevivientes y familiares de las víctimas guardaron silencio ante las ruinas de la escuela número uno de la ciudad noroseta de Beslán, con centenares de velas colocadas ante las fotos de sus hijos en el gimnasio donde perdieron la vida. A esa misma hora, el 3 de septiembre del 2004, dos explosiones fortuitas en el gimnasio desencadenaron el tiroteo entre el comando terrorista chechén, que retenía en la escuela a 1.251 personas, y las fuerzas de seguridad, que se lanzaron al asalto para salvar a los rehenes. En Moscú, el presidente ruso, Vladímir Putin respetó el minuto de silencio durante una reunión de su Consejo de Seguridad, en la que ordenó al fiscal general revisar toda la marcha de la investigación de la tragedia, muy criticada por los habitantes de Beslán. Putin admitió que Rusia, como otros países, «no siempre consigue prevenir y contrarrestar con eficacia los ataques terroristas» y que la responsabilidad por ello recae en él y en los demás altos funcionarios, «como ciudadanos y en vista del cargo ocupado». El silencio que paraliza un país En Beslán, toques de campana marcaron el minuto de silencio, acompañado por el llanto de las mujeres que perdieron a sus seres queridos en aquella tragedia, tras lo cual niños soltaron al cielo 331 globos blancos, igual cantidad que el número de las víctimas. Decenas de madres pasaron los últimos tres días, que fueron de luto en Osetia del Norte, encerradas en el gimnasio escolar, sin comer ni beber agua, para repetir los sufrimientos de sus hijos, a los que los terroristas prohibieron repartir agua y alimentos. Otros centenares de personas acudieron para llorar a sus hijos al cementerio creado tras la tragedia, el mayor camposanto infantil de Rusia, y en las casas de toda la ciudad empezaron las ceremonias familiares de recordación de los difuntos. La ceremonia fúnebre de Beslán fue transmitida en directo por la televisión a todo el país, donde el 3 de septiembre fue declarado Día de la solidaridad en la lucha contra el terrorismo y se celebró con mítines y marchas en los que también se lanzaron al cielo centenares de globos y palomas. El secuestro de Beslán, que mantuvo en vilo a Rusia durante 52 horas, concluyó con una confusa operación de rescate en la que 31 terroristas fueron aniquilados, la escuela ardió en llamas y el tejado se desplomó sobre los rehenes agolpados en el gimnasio. Un total de 331 personas, 186 de ellas niños, murieron en aquel atentado, el mayor jamás perpetrado en Rusia desde la interminable guerra de Chechenia convirtiera a todo el país en blanco de ataques terroristas. La mayoría perdieron la vida bajo las ruinas del edificio y en el tiroteo final, en el que sobrevivientes y testigos acusan a los militares de haber empleado carros de combate, lanzagranadas y lanzallamas con efecto de bombas de vacío. Varios representantes del comité «Madres de Beslán», creado por los sobrevivientes y deudos de las víctimas, se reunieron ayer en Moscú con Putin para pedir responsabilidades por la incompetencia de las autoridades durante la crisis de los rehenes.

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