Diario de León

Herido por una bala rebotada el cámara enviado por Antena 3

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Tatiana López - enviada especial | nueva orleáns
León

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El miedo y las armas nunca han sido una buena combinación. En Nueva Orleáns la fórmula se complica con las pistolas en demasiadas manos. El Ejército, la policía, los voluntarios y las fuerzas de seguridad tratan de imponer el respeto por la Ley a base de exhibir fusil cargado y sin seguro. La madrugada del sábado esta chulería adolescente, consentida por las autoridades, podía haberle costado la vida a Íñigo Orcajuelo, cámara de Antena 3 de 31 años, y superviviente del peor de los pecados en zona de tensión: la estupidez. Eran las dos menos veinte de la madrugada, hora local, cuando los gritos de Íñigo arrancaban a la periodista de un furtivo sueño en el asiento delantero del coche -«¡Tati, despierta están disparando. Corre, hay gasolina en el coche, podría explotar»-. Cansado y confuso, tras 24 horas sin dormir, el reportero no sabe explicar qué es lo que ha pasado pero se levanta la camiseta para enseñar lo que parece una quemadura en el costado derecho de su cuerpo. «Estábamos en directo y he escuchado un tiro a mi espalda», dice. Nada tiene sentido en Canal Street, centro mediático de la zona, donde decenas de fuerzas del orden custodian a los más de 30 equipos de periodistas que han acampado en la calle. A su llegada, la policía local tampoco sabe explicarlo: «Puede que haya francotiradores, no sabemos nada», dicen con tranquilidad. Minutos después Íñigo, recuerda que en el momento del disparo, cinco miembros del equipo de seguridad del hotel Marriot montaban guardia a escasos metros e él. «¿Dónde están los guardias de seguridad?, ¿dónde?».

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