«Ni un centímetro, ni una bala»
Las palabras y el diálogo han ganado la primera batalla a la lucha armada en Irlanda, una batallas que durante décadas se decantó del lado de los fusiles
Durante años los jóvenes católicos norirlandeses solían despedirse al grito de «ni un centímetro, ni una bala». Ayer, este mensaje quedó enterrado. Tras un lento proceso dictado por Londres y Dublín -pero a la velocidad a la que ha considerado la banda armada-, el IRA aplica aquello de que las palabras serán sus únicas armas en su encarnizado choque cultural y de poder con los unionistas. Lejos quedan aquellos barcos que procedentes de Libia llegaron a las costas de la isla esmeralda cargados con 150 toneladas de armas, o las operaciones de compra de misiles en EE.UU. que sacudieron el stablishment británico. Desde ayer los activistas del IRA se han quedado sin medios para poder defender a su comunidad. Desde ayer los unionistas se han quedado sin excusas para no aceptar al Sinn Féin en el ruedo político. Y ello pese a que su líder, el reverendo Ian Paisley, vete (por ahora) la entrada en el Gobierno de Gerry Adams hasta que vea imágenes de la destrucción de las armas. Si a esta falta de credibilidad en las intenciones del enemigo se une el reciente regreso a la actividad armada de ciertos grupos paramilitares, como la Fuerza de Voluntarios Lealistas, y los recelos de Londres sobre las actividades ilegales de algunos elementos del IRA, da la sensación de que lo de ayer no pueda marcar un antes y un después. Trabajando por el futuro Pero esta sería una lectura simplista de lo que está sucediendo en el Ulster desde 1994. Aquellos que han observado durante los últimos once años la trayectoria del proceso de paz, saben que es necesario aplicar una visión global a la política norirlandesa: cada decisión en el camino correcto de unos y de otros es importante. Incluso el silencio informativo es tranquilizador porque es síntoma de que se está trabajando en la sombra para celebrar días como el de ayer. Si bien el anuncio de Chastelain parece que ha sido recibido con escepticismo por los unionistas, servirá por ejemplo para que el Sinn Féin pueda seguir negociando con Londres la desmilitarización del Ulster (donde aún permanecen 10.000 soldados británicos).