Diario de León
Gorbachov y Kohl plantaron cerezos en el quince aniversario

Gorbachov y Kohl plantaron cerezos en el quince aniversario

Publicado por
Úrsula Morenoa - corresponsal | berlín
León

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«Es más fácil aprender a construir un puente que conocer a otro pueblo». Rainer Eppelmann, defensor de los derechos civiles en la extinta RDa, resume así el difícil proceso de unificación alemana, que se selló hace 15 años, y que sin embargo no termina de cuajar. La euforia inicial dio paso a la frustración entre muchos alemanes del Este que se sienten ciudadanos de segunda clase. Eppelmann, teólogo de 62 años, es uno de los artífices de la reunificación que hacen un balance positivo y pide paciencia: «Hará falta al menos otra generación para equiparar las condiciones de vida (entre Este y Oeste)», explicaba en Berlín a un grupo de periodistas extranjeros. «Mi hija mayor tiene 35 años, el menor 16, y todos ellos viven el recuerdo de la RDA de forma muy distinta», dice el hoy día diputado conservador. Indiferencia Es la radiografía de un país disuelto, en el que la inmensa mayoría ejerce otra profesión que la que aprendió, donde la productividad y los salarios son menores. El Este sigue siendo terra incógnita para el 32% de los germano-occidentales, que reconocen no haber puesto jamás un pie en la vecina oriental, lo que aquí se percibe como una prueba de indiferencia. El Este es además un pozo sin fondo, al que van a parar ingentes cantidades de dinero (el 4% del PIB alemán se destina anualmente a inversiones en esta zona), y sin embargo no logra cicatrizar sus heridas económicas. El paro, que paraliza al 18,4 por ciento de la población activa, dobla al de sus vecinos. Desde que cayó el Muro casi tres millones de germano-orientales han emigrado hacia el Oeste en busca de trabajo. Si quiere tumbar el muro económico, Alemania Oriental tendría que crecer a un ritmo del 5% anual durante los próximos tres lustros. Algo que a la luz de la débil coyuntura alemana, resulta una quimera. Hace tiempo que los ossis (como se conoce popularmente a los habitantes del Este) han dejado de creer en «los paisajes florecientes» que prometió el ex canciller Helmut Kohl. Muros que derribar Ayer celebraban en Potsdam el aniversario y el presidente federal, Horst Köhler, volvía a hacer gala de su honestidad para recordar que «en Alemania no se pueden dar las mismas condiciones de vida para todos». Porque quince años después de recuperar la unidad nacional, siguen existiendo dos Alemanias y muchos muros que derribar.

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