| Crónica | En la zona del desastre |
El aviso de los pájaros
Poco antes del seísmo, las aves de la capital de Pakistán se pusieron a piar y se marcharon de los árboles donde anidan
Los minaretes de las mezquitas temblaban y como miles de habitantes de la capital paquistaní, Mohammad Akram salió a la calle después del sismo que ayer arrasó tres países en Asia. «Nunca en mi vida he visto un terremoto más fuerte que éste», confiesa este hombre cincuentón. «La gente se lanzaba a las calles llenas de pánico, los minaretes temblaban», relata. «Muchas personas comenzaron a rezar», recalca, en momentos en que los musulmanes comienzan el mes de ayuno del Ramadán. Poco antes del seísmo, que alcanzó 7.6 en la escala abierta de Richter, todos los pájaros de la capital se pusieron a piar y se marcharon de los árboles donde estaban. «El ruido de los pájaros piando se añadía a la angustia y los cuervos volaban en círculos», relató otro testigo. Según algunos testigos, la tierra tembló durante medio minuto, haciendo tambalear los edificios e impidiendo que la gente se mantuviera en pie. Pálidos o sollozando, muchos se sentaron en las calles mientras las mezquitas organizaban plegarias especiales. «Es el terremoto más violento de mi vida», confiesa Nasima Akhtar, una habitante de Rawalpindi, la ciudad gemela de Islamabad. «Hemos recibido muchas llamadas de parientes que estaban inquietos porque no sabían lo que nos había sucedido», agrega. El seísmo fue tan fuerte que se sintió en Lahore, al sur del país. «Fue un terremoto tan violento en Lahore que salimos precipitadamente de la casa y nos quedamos al aire libre», relató por teléfono Sohail Ahmed, un habitante de la ciudad. Jalid Gul, guardián de una residencia de lujo en Karachi recibió, trágicas noticias provenientes de la capital. «Recibí una llamada en la que me decían que mi madre y un hermano habían muerto. Poco después recibí otra llamada informándome de la muerte de dos amigos», relata, con lágrimas en los ojos. Imadula, otro habitante de Karachi, llamó inmediatamente a su familia en Islamabad. «Mi cuñada me dijo que había sido horrible, que los edificios temblaban y que las ollas y platos hacían un ruido infernal chocando los unos contra los otros». «Gracias a Alá es sábado. Si el terremoto hubiera ocurrido en viernes muchos más se hubieran muerto», declaró un comerciante.