El olor a muerte en las escuelas sepulta la esperanza

Los gritos de los niños, que aún se podían escuchar el domingo entre las ruinas de las escuelas de Balakot, se han acallado ya

Un helicóptero traslada a niños heridos a Chaklala, en la base aérea de Rawalpindi

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Farooq Naeem - balakot
León

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«Tenía cuatro hijos que están atrapados allí». Mohammad Yusuf, 60 años, apunta a las ruinas de una de las escuelas de Balakot, convertida en tumba para cientos de alumnos. «¿Qué puedo hacer?», implora el padre de familia. El tiempo corre contra la esperanza en Balakot, donde dos escuelas y una madraza (escuela coránica) fueron destruidas, con un millar de niños dentro. El olor de la muerte ha invadido las ruinas de las escuelas y los habitantes cuentan que los gritos de los escolares, que aún se podían escuchar el domingo, se acallaron ayer. La fundación Edhi, la más importante organización humanitaria de Pakistán, indicó que el sábado se habían recuperado 70 cadáveres de las tres escuelas y a seis alumnos vivos. Unos 250 alumnos están sepultados en la madraza Ahmed Shaheed y otros n00 estarían aún bajo las ruinas de la escuela Shaheen. Algunos afortunados fueron rescatados vivos 48 horas después del seísmo como un niño de seis años y una niña de cuatro. Los habitantes declararon que un helicóptero del Ejército los sobrevoló el domingo y que lanzó carpas antes de irse. Pero «aún no hemos visto socorristas», cuenta el médico Farid Ahmed, cuyos cuatro hijos están atrapados en la escuela Shaheen. La falta de ayuda por parte de las autoridades está provocando el éxodo de la población. Los que se quedan, duermen a la intemperie cerca de sus casas destruidas. En las afueras de Balakot, un grupo de seis personas ayudaba a Buhadar Shah a transportar los cadáveres de su hermano Pervez y de su cuñada. Y así, decenas de familias en toda la zona. Un drama humano de incalculables dimensiones. Agshi Salim, 6 años, fue rescatada la noche del domingo de las ruinas de su casa. Su padre la llevó a la vecina de Abbotabad, para que le curasen sus heridas leves. Pero, el choque traumático tiene difícil cura. Desde su lecho en el hospital sólo pide: «Quiero que venga mamá». Pero su madre se quedó entre las ruinas.

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