Muzafarabad revive
El insoportable olor a muerte que lo impregnaba todo y se depositaba en algún lugar de la garganta, se va esfumando de una ciudad que tímidamente vuelve a la vida tras el terremoto
Los habitantes de Kachemira recogen la ayuda humanitaria repartida a lo largo del río Nilo
La ciudad paquistaní de Muzafarabad, devastada por el sismo del ocho de octubre, revivía tímidamente este jueves con sus tiendas y peluquerías abiertas y el servicio de Correos funcionando, mientras se disipaba el putrefacto olor a muerte. Han sido restablecidos los sistemas de agua y red eléctrica cortados por el terremoto y las autoridades se han apresurado a anunciar la puesta en marcha de una administración civil. Primero llegaron miembros de la policía militar de varias localidades paquistaníes para reemplazar a las diezmadas fuerzas del orden de la capital de la parte paquistaní de Cachemira. Les siguieron los agentes de tráfico. Con el paso de los días, entre el duelo y las ruinas, el recuerdo del horror y la lucha por la supervivencia, se iba percibiendo algo parecido a la vida. Las grúas han desescombrado las calles y limpiado las ruinas de las casas desplomadas, mientras los familiares de los desaparecidos se resignan a su destinos. Y el insoportable olor de la muerte, que lo impregnaba todo y se depositaba en algún lugar de la garganta, se fue esfumando aunque algunos sitios continúan desprendiendo un tufo a descomposición. Según las autoridades locales, se ha restablecido la electricidad en un 90%. La planta de tratamiento de aguas funciona en un 70% y durante las horas en las que está en marcha abastece al 70% de la ciudad, afirma el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR). Apertura de tiendas Una vez hervida, el agua vuelve a ser potable en una Muzafarabad de calles relativamente limpias. Hace cinco días, abrió sus puertas la oficina central de Correos, con la llegada de funcionarios en refuerzo que trabajan junto con los treinta empleados, de los 165, que se han reincorporado a sus tareas. «El jefe de Correos dijo que había que volver al trabajo porque la gente sufre y necesita recibir el dinero que les envían sus familiares», explica Faisal Idris, de 25 años. Pero no resulta fácil. «Cuando los carteros van a entregar las cartas, no encuentran más que el 20% de los destinatarios. Muchos murieron y otros se marcharon», agrega. También han reabierto las centrales de llamadas telefónicas y se han restablecido las líneas de algunas compañías de telefonía móvil. En el sector privado, las tiendas vuelven a exponer sus mercancías y se impone de nuevo la normalidad en las gasolineras. Jawaja Riaz, de 38 años, pasa a diario unas horas en su comercio, donde ha conservado intactos sus sacos de arroz y azúcar. «He perdido a seis personas de mi familia. Vivir en la tienda de campaña es duro. Venir aquí me ayuda un poco a olvidar», confiesa. Los clientes vuelven a hacer cola en las barberías. «La gente no habla más que de eso (del sismo) pero a veces nos reímos», reconoce Mohamed Misken, de 30 años, un barbero que se reincorporó hace dos días. Se puede decir que ha triunfado la resignación. «Es una gran tragedia pero han transcurrido doce días».