OPINIÓN
Nuestro hombre en Ramallah
LA VISITA que Mahmud Abbas hizo ayer en Washington al presidente Bush ha salvado unas cuantas vidas palestinas: sólo la decisión israelí de «proteger» políticamente el encuentro obligó a Israel a no lanzar represalias militares tras la muerte de tres de sus ciudadanos en un atentado palestino el domingo. Mahmud Abbas llegó a EE.UU. tras hacer varias escalas, una de ellas en Madrid, pero sin reunirse con Ariel Sharon: su previsto encuentro tras la retirada de Gaza ha sido aplazado ya dos veces, la segunda de ellas a principios del presente mes y dejando en mal lugar al rey Abdullah de Jordania, quien hizo de intermediario y anunció la entrevista. La imposibilidad de celebrar el encuentro traduce un desacuerdo profundo sobre los asuntos a tratar y cómo encarar el inmediato porvenir. Todo indica que después del atentado palestino Washington pidió que, por una vez, el ejército israelí se abstuviera de aplicar su protocolo mecánico de respuesta, que implica matar a un número de palestinos notoriamente mayor que el de israelíes. Sharon aceptó porque quería aprovechar la ocasión de la visita a Washington del líder palestino sabedor de que este sería presionado a fondo para que desarme a la resistencia armada y desactive de una vez lo que queda de la segunda intifada. Abbas goza de la protección norteamericana. Washington supo imponérselo a Arafat como primer ministro, una experiencia que terminó pronto y más bien mal y la muerte del fundador de la OLP le dio una segunda oportunidad: al-Fatah, fue elegido presidente y empezó a aplicar su programa, la desactivación de la lucha armada y una apuesta firme por un estado sobre todos los territorios perdidos en 1967.