La Cámara de Representantes prorroga la ley antiterrorista de Bush sólo un mes
En Estados Unidos se deno-mina lame duck (pato cojo) a los presidentes que están en su segundo mandato, ya sin posibilidad de reelección, por la pérdida de autoridad que sufren. George W. Bush no es una excepción, pero asombra lo rápido que se le está rebelando hasta su propio partido cuando aún le quedan tres años por delante en la Casa Blanca. Y es que desde su reelección, en noviembre del 2004, el tejano ha visto cómo el Senado y el Congreso, controlados por los republicanos, se han opuesto a varias iniciativas prioritarias en su programa de gobierno. Ni sus llamadas al orden, ni las presiones de sus colaboradores más cercanos han servido de nada. El último ejemplo: la renovación de la Ley Patriótica. Un día antes en el Senado Los planes del presidente para que se hiciera permanente encallaron ayer en el Congreso, que aprobó una renovación temporal de poco más de un mes. El Senado, que un día antes había dado un plazo de seis meses, acordó plegarse a la decisión de los congresistas. De esta forma se salvó por poco que la Ley Patriótica, una herramienta vital en la lucha contra el terrorismo para la Administración Bush, expirara el próximo 31 de diciembre. Los únicos satisfechos de todo con este desenlace fueron los opositores demócratas que desde hace tiempo piden que se incluyan más garantías para que la ley respete las libertades civiles de los ciudadanos. «Estamos contentos con este corto plazo porque lo importante es obtener el adecuado equilibrio entre libertad y seguridad», dijo una ayudante de Harry Reid, líder de la oposición en el Senado.