El Gobierno acepta que un recluso peligroso regrese al penal para evitar una matanza
Presos amotinados retienen a 196 rehenes en una cárcel de Brasil
Han acorralado a familiares llegados el día de Navidad a la cárcel y afirman que ya hay diez muertos

Momento en el que los prisioneros muestran a la prensa un cadáver
Un motín de presos con 196 rehenes ha dejado entre dos y diez personas muertas desde el domingo pasado en una cárcel de la remota ciudad de la Amazonia brasileña de Porto Velho, según confirmaron fuentes policiales y los propios amotinados. La policía de Porto Velho no ha confirmado ni desmentido nada y únicamente el pasado lunes informó de que dos reclusos habían sido asesinados desde que comenzó la insurrección. Los amotinados aprovecharon el domingo pasado las visitas del día de Navidad para tomar el control la Casa de Detención José Mario Alves da Silva, más conocida como Urso Branco, en Porto Velho, la capital del estado amazónico de Rondonia. Los 196 rehenes, entre los que se encuentran decenas de niños y mujeres, algunas de ellas embarazadas, son familiares de algunos reclusos, que optaron por permanecer dentro de la prisión para evitar que el control de la misma sea recuperado a la fuerza. Según aseguró un preso al noticiero de televisión Globo News y también podrían morir en los próximos días. Uno de los presuntos cabecillas del levantamiento, identificado con el alias de «A. Paz», que habló con la prensa local mediante un teléfono móvil, dijo que ocho personas más fueron asesinadas el lunes por ser informantes de las autoridades, y que diez más morirían hoy si no eran atendidas sus exigencias. El regreso del líder Los amotinados, unos cincuenta según la policía, exigen el regreso a Urso Branco de Ednildo Paulo de Souza, alias Birrinha, condenado a 130 años de prisión por varios asesinatos y que está recluido en una cárcel de máxima seguridad a 200 kilómetros de Porto Velho. De Souza lideró una sangrien-ta rebelión que en abril del 2004 causó catorce muertos, de los que cuatro fueron decapitados por él mismo. Ante la mirada atónita y horrorizada de la policía, familiares y periodistas que se encontraban en las afueras del presidio, vieron en aquella ocasión como los amotinados descuartizaban a un recluso. Hace dos semanas, Birrinha se evadió de Urso Branco y dos días después fue capturado y confinado en la cárcel de Vila Nova, situada a cuatro horas de Porto Velho. La Secretaría de Administración Penitenciaria de Rondonia anunció que De Souza, de 27 años, sería devuelto al cierre de esta edición al presidio de Urso Branco para facilitar la liberación de los rehenes, pero las negociaciones parecían volver a estancarse debido a las nuevas exigencias de los presos. Según las autoridades, a última hora de ayer los rebelados exigieron la destitución de los directivos del penal, mejoras en la atención médica y la reducción de la población carcelaria. El presidio Urso Branco, con capacidad para 360 reclusos, abriga en la actualidad a 950 y está considerado como uno de los más peligrosas de Brasil. Según el informativo Rondoniagora , el secretario de Defensa de este estado del norte de Brasil, Renato Eduardo de Souza, afirmó ayer que las autoridades habían «cedido demasiado» al permitir la vuelta del líder criminal a la cárcel amotinada. El secretario de Defensa añadió que el ingreso del peligroso reo en Urso Branco sólo se produciría después de la liberación de los rehenes, al contrario de lo que exigen los amotinados. De Souza llegó a Porto Velho bajo estrictas medidas de segu-ridad establecidas por la Policía Militar, que ha desplegado alrededor de 160 agentes alrededor de Urso Branco. Armados con cuchillos, trozos de metal y palos, los rebelados permanecen desde el lunes sobre uno de los techos del presidio desde donde han mostrado a la prensa lo que podrían ser dos cadáveres. La policía dijo que los amotinados han destruido las puertas de algunas celdas y están fuertemente armados. Las negociaciones fueron suspendidas la noche del lunes y retomadas ayer en medio de gran agitación, pues como condición previa para reanudar los diálogos, los rebelados exigieron la participación de la prensa Se trata de la cuarta rebelión sangrienta ocurrida en esta prisión desde el 2000. Ese año 36 presos murieron y 30 más resultaron heridos en dos levantamientos.