Diario de León

| Análisis | El futuro de la Autoridad Nacional Palestina |

Hamás hereda una bancarrota

La victoria de Hamás sobre Al Fatah, menos aplastante de lo que parecía, divide a la sociedad palestina en dos mitades y obliga a ambos partidos a refundarse

Publicado por
Miguel Anxo Murado - redacción
León

Creado:

Actualizado:

El de Ariel Sharón no es el único coma irreversible con implicaciones políticas en Oriente Medio. Quizá también la Autoridad Nacional Palestina (ANP) ha entrado en sus últimos estertores. Hacía ya tres años que agonizaba, sostenida por Al Fatah y la respiración artificial que le proporcionaba la comunidad internacional en la esperanza de que Israel se aviniese a negociar algún día. Pero los palestinos, votando Hamás en sus elecciones, han decidido poner fin a lo que en su mayoría veían como una farsa, un engaño que racionalizaba su proceso de desposesión. Las especulaciones sobre lo que hará Hamás en el gobierno tienen un punto de ingenuidad, porque no existe tal gobierno. La ANP es tan sólo la herramienta del proceso de Oslo que no existe, una plataforma de transferencia de un poder que no se transfirió nunca. Últimamente, su estructura se limitaba a la nómina de los servicios de seguridad, pagada por la Unión Europea y Estados Unidos para persiguiesen a Hamás. Y ahora Hamás lleva las cuentas. El dinero, ni que decir tiene, dejará de llegar. Lo que hereda Hamás es, pues, el esqueleto de una ballena, una cáscara sin fruto, un juguete averiado que no le gusta. Es el fin de la ANP y una vuelta a lo que para los palestinos siempre estuvo ahí, pero no se veía detrás del salvapantallas de la ayuda internacional: una expropiación gradual en forma de ocupación militar. Victoria menos rotunda Las elecciones han tenido el efecto, entre irónico y diabólico, de dar a cada uno justo lo que no quería: A Hamás un lugar en el proceso diplomático, a Al Fatah en la oposición. Es por ello también que el conflicto con Al Fatah, del que ya han empezado las primeras escaramuzas, es casi inevitable. La cosa se complica porque el rechazo a Al Fatah no ha sido tan absoluto como parece. La victoria de Hamás es espectacular por inesperada, no por rotunda. En realidad, si miramos las cifras concretas de votos en la lista nacional vemos que Hamás obtuvo tan sólo una ligera ventaja sobre Al Fatah (434.817 frente a 403.458). Si sumamos al FPLP, que forma parte de la OLP y obtuvo más de 40.000 sufragios, es esta organización la que supera ligeramente a los islamistas. Añadiendo la fuerza de los partidos democráticos o de izquierda, como la Lista Alternativa o Palestina Independiente (unos 100.000), nos encontramos con que la mayoría en Palestina sigue siendo laica. Como ocurre tantas veces, es el sistema electoral el que ha convertido una victoria raspada en aplastante. Pero así son las reglas del juego, precisamente las que estableció Al Fatah cuando cambió la ley electoral el año pasado. No tiene derecho a quejarse. Sin embargo lo hace, y lo hará quizás hasta arrastrar a los palestinos a un enfrentamiento. Ni Fatah ni Hamás son realmente partidos sino grupos insurreccionales, la idea de que uno esté supeditado al otro es inimaginable para ambos. El futuro de Fatah y Hamás En paralelo al conflicto entre Ha-más y Al Fatah es posible que veamos otro dentro de la propia Fatah, donde convive el mismo dilema entre la insurrección desesperada («joven guardia») y el derrotismo de la negociación («vieja guardia»). La lucha por el poder comenzó la noche del jueves, cuando Mohamed Dahlán mandaba a sus shabab a tomar el Parlamento y luego aparecía por allí para ofrecerse como mediador con la cúpula del partido. Sea él u otro, Al Fatah, que nació con el lema «el único y legítimo representante del pueblo palestino», le toca atravesar en la derrota no ya una crisis política, sino de identidad. La misma que experimentará Hamás en la victoria. Seguramente, preferirá seguir haciendo su política en los ayuntamientos. Ante la imposibilidad de gestionar la ANP lo más probable es que la desmantele o intente reconvertirla en la base para un ejército guerrillero según el modelo de Hezbolá. Pero tendrá que hacerlo con un ojo puesto en los israelíes y otro en Al Fatah. De momento sus 5.000 guerrilleros (pocos de ellos en Cisjordania) no son rival para los más de 60.000 que tiene Fatah entre militantes y policías. La alternativa a la confrontación es que Hamás haga lo que nunca ha hecho Fatah: coordinar una estrategia y compartir el poder. Difícil. De momento, Hamás ha heredado una bancarrota, un Estado sin país y un gobierno sin poder. Ahora también, seguramente, sin dinero (Hamás no va a reconocer a Israel, como Israel no ha recono-cido a Palestina). Pero a cambio ha recuperado para los palestinos algo: el lenguaje. Al llamar ayer «chantaje» a las presio-nes de Washington ha comenzado una refundación del lenguaje cuyo alcance está por ver. De repente, como dijo el negociador palestino Saeb Erekat, para bien y para mal nos hemos levantado y el cielo es de otro color.

tracking