El Parlamento vota hoy la proposición de ley que reemplaza al pólemico contrato juvenil
Fracasa el último intento de movilizar de nuevo a los estudiantes en Francia
Las concentraciones reunieron sólo varios miles en París y a unos cientos en otras ciudades

El objetivo de las protestas era mantener la presión al Gobierno
El movimiento estudiantil se desinfla. Un día después del anuncio de la sustitución del Contrato de Primer Empleo (CPE) por las subvenciones para la contratación de jóvenes, los sindicatos de estudiantes sólo consiguieron sacar a la calle a varios miles de personas en todo el país, muy lejos de los tres millones que movilizaron la semana pasada. La Asamblea Nacional votará hoy la proposición de ley que entierra definitivamente la medida. Apenas fueron 600 en Marsella y Estrasburgo, 900 en Burdeos, 500 en Lyon y 2.500 en Toulouse. En París no se superaron los 2.300 en la concentración de la plaza de la República. Pequeños grupos volvieron a cortar carreteras y vías en varios puntos del país pero sólo cuatro universidades permanecían ayer bloqueadas siguiendo la consigna de mantener la presión hasta que la proposición tenga luz verde definitiva del parlamento. Las discusiones empezaron ayer en la Asamblea Nacional por procedimiento de urgencia y con debate nocturno. La comisión la había tramitado por la mañana con un número mínimo de enmiendas: la oposición ha decidido que es más importante acabar con la crisis que plantear batallas parlamentarias. Aún así no todos tienen claro su voto. El dispositivo que sustituye al CPE supone la reactivación de tres tipos de contratos ya existentes para menores de 26 años con fuertes subvenciones para animar a las empresas a abrirse a los jóvenes. Para los socialistas se trata de «un texto improvisado» al que probablemente dirán «no». Los centristas de la UDF, también opuestos al CPE, votarán a favor muy a su pesar porque «es un texto para salir de la crisis». Pero aunque la votación en la Asamblea Nacional se celebre esta misma mañana, no hay tiempo material para que la proposición pase por el senado antes del mes de mayo, a no ser que los presidentes de las cámaras hagan una pirueta parlamentaria. Los últimos sondeos sitúan a Dominique de Villepin como uno de los primeros ministros más impopulares de los últimos tiempos, por debajo incluso que su predecesor Raffarin, con sólo un 20% de aceptación entre los franceses. El 82% se siente decepcionado por el presidente Jacques Chirac y su forma de actuar durante la crisis. Nicolás Sarkozy, ministro del Interior y presidente del partido gobernante, la UMP, está dispuesto a sacar todo el partido posible de la crisis. Un día después de la capitulación del primer ministro, Dominique de Villepin, se proclama como «hombre de compromiso» en una doble entrevista en prensa y radio. Ahora que nadie parece discutirle ya los méritos para salir aclamado en enero como el candidato de la derecha a las presidenciales, Sarkozy hace derroche de buenos sentimientos. «No salimos de una crisis humillando a nadie», asegura en las páginas de Le Fígaro . La publicación de sus declaraciones fue aplazada dos veces por el periódico de la derecha por su falta de oportunidad. «El riesgo no era modificar la reforma sino empecinarse», diagnostica el también número dos del gobierno, plenamente solidario aunque ésta no era su guerra. Recuerda que se opuso al CPE cuando Villepin lo llevó al consejo de ministros pero no quiere hacer leña del árbol caído: «No seré yo quien condene a nadie por una crisis». Y quien lo diría, después de 10 años de pública enemistad dice no haber estado «nunca tan en sintonía con Jacques Chirac».