Diario de León

| Crónica | Proceso electoral italiano |

Dos «carreras» truncadas

Publicado por
Ángela Rodicio
León

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Silvio Berlusconi ha muerto tras ingerir sus propias medicinas: el abuso de la imagen, y la legislación ad personam . Su propio ministro de Interior, Roberto Calderoli, definía la ley electoral que él mismo había promovido, a instancias de Berlusconi, hace sólo un año, como «una porquería». Una porquería, porque «gracias» a esa nueva ley electoral, proporcional, un puñado de votos, entre 20 y 25.000, han dado la mayoría absoluta en el Congreso y en el Senado al centroizquierda de Prodi. Los pocos miles de votos procedían en gran parte del extranjero. Berlusconi, en Italia, tiene el cartel del hombre hecho a sí mismo, pero en el extranjero Berlusconi se había convertido en un personaje incómodo para sus connacionales. «Salvar al soldado Prodi» era la tónica de profesores, empresarios, investigadores, profesionales italianos que viven en el exterior. Ellos, que contribuyen fundamentalmente a que Italia pertenezca al club de los países más ricos del mundo, han dado el jaque-mate al berlusconismo: un cruce entre tierra prometida y sistema de «imbrogli» -chanchullos- generalizados. Berlusconistán, la tierra donde uno se hace las leyes a medida parece haber pasado a la historia. Carlo Azeglio Ciampi, presidente por siete años, que concluyen a mediados de mayo, no parece tener intención de seguir en el cargo. Su sucesor deberá convocar al vencedor en las urnas para encargarle la formación de un nuevo gobierno. Y será a Prodi. Algunos calculan que Italia no tendrá un nuevo ejecutivo, funcionando plenamente, hasta después del verano. Berlusconi planeaba, si vencía en las urnas, sustituir a Ciampi en el Quirinale. Palazzo Chigi, la sede del gobierno, se le había quedado pequeño. Prodi ya ha anunciado que quiere enterrar la era Berlusconi. Para ello, uno de los primeros objetivos de su gobierno será devolverle al banquillo de los acusados. El mismo día que Berlusconi perdió el poder Bernardo Provenzano era detenido. Según los entendidos, el fiscal anti-mafia, Pietro Grasso, no había querido interferir en los comicios. Fue cazado cuando una red de asistentes le hacía llegar la ropa lavada que le mandaba su mujer, Saveria. Tenía con él cinco biblias y un manual de técnicas de investigación anti-mafia. Su abogado había dicho hace dos semanas, que Provenzano había muerto, algo que se puede interpretar como el vía libre a su detención en la jerga mafiosa. Otros le habrían desbancado, con otras tácticas. Porque la mafia es como la energía, no se crea ni se destruye, solo se transforma. En Sicilia, los votos de la Democracia Cristiana, pasaron automáticamente a Forza Italia, el partido fundado por Silvio Berlusconi, precisamente cuando se extinguió, podrida por los escándalos, la DC. Como escribió otro siciliano de pro, Giuseppe Tommaso di Lampedusa, «algo tiene que cambiar para que todo siga siendo igual». Pero lo cierto es que con la detención de Provenzano tal vez se escriba la última crónica de alta mafia de Corleone. Luciano Liggio está muerto. Totó Riina está sepultado en la cárcel. Leoluca Bagarella ha sido condenado diez veces a cadena perpetua. El fin de Berlusconistán y de Corleone.

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