Diario de León

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Los soldados de Estados Unidos apoyan su permanencia en Irak

Aunque la opinión sobre la decisión de invadir Irak es diferente entre los militares norteamericanos, sí coinciden en que marcharse ahora provocaría una guerra civil

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Creen que borrar a Sadam Huseín del mapa fue algo bueno, pero admiten que los errores cometidos han llevado a Irak al borde del caos. Muchos, a pesar de las evidencias, todavía creen que esta guerra tiene mucho que ver con lo que pasó el 11-S. Otros no se cortan y se niegan a perdonar a Bush por llevarles a luchar por una mentira. Algunos todavía tiran del manual y la doctrina oficial y hablan de llevar la democracia a Oriente Medio. Casi todos prefieren hablar de cómo se puede pacificar Irak más que entablar largas conversaciones sobre lo que se hizo mal en el pasado o sobre si la guerra está justificada. Y se niegan a retirarse antes de que la situación se estabilice porque sino Irak sería pasto de la guerra civil. En general, pasan de la política, porque ellos luchan por el hombre que tienen al lado. E intentan sobrevivir mientras piensan cómo encajarán en su vida todo el horror que han visto y vivido. Este periódico quiso saber qué piensa de esta guerra la generación de soldados norteamericanos que combate y muere en Irak. Para ello entrevistamos a varios decenas de militares a lo largo del país. «Esto es frustrante. Este es mi segundo año en Irak y ahora la situación no ha hecho más que empeorar. Para un soldado es importante obtener resultados al final de una misión. Ya es bastante jodido estar aquí, pero aún lo es más si no ves progreso», dice el sargento Dennis Short, de la Cuarta División de Infantería. Tiene 37 años, tres hijos y una mujer a la que echa de menos a cada segundo. No se perdona estar perdiéndose la infancia de sus pequeños. Admite que cuando una de sus hijas le preguntó si había matado a alguien se le puso un nudo en la garganta. Pero aún cree que está haciendo algo por su país, cree que estar en Irak tiene mucho que ver con lo que pasó el 11-S y al menos se siente respaldado por su comunidad. «Hay gente que no conozco que me manda cartas diciéndome que están conmigo, eso ayuda», comenta. Otros no sienten tanto apoyo en sus hogares. «Cuando volví a casa después de mi primer año en Irak, no encontré el respeto de nadie. A la mayor parte de los norteamericanos no les importa una carajo que estemos aquí luchando por ellos. No saben el precio que tiene su libertad», comenta Jeffrey Middleton.«Para mí volver después de mi primera estancia en Irak fue duro. No encontré mucho respeto por parte de la gente. Bueno, una vez me senté con unos amigos y estuvimos tomando algo de comer, unas cervezas y unas copas de güisqui. Al final la cuenta era como de unos 500 dólares. Cuando fuimos a pagar, el camarero nos dijo que alguien lo había hecho por nosotros. Eso fue increíble. Pero, por lo demás ha sido duro. Llegas a casa y dices, vale, estoy aquí, qué bien. Pero después de dos semanas no sabes qué hacer con tu vida. Echas de menos la amistad que sólo se puede tener con quien ha luchado contigo. Le gritas a tu madre como lo hacías con tus hombres en el frente. Caminas por las calles de tu pueblo mirando los tejados en busca de francotiradores». Compañerismo A Waggoner los debates políticos le quedan grandes. Para él esta lucha, como para muchos soldados tiene que ver con guardarse las espaldas y la de sus compañeros. Le toca mucho las narices los generales que vienen al campo de batalla de visita para colgarse medallas. «Nosotros hacemos el trabajo sucio, ellos se llevan las recompensas», dice. El que no pasa de la política es un sargento de la Cuarta División de Infantería que nos pide que no revelemos su nombre porque lo que va a decir le supondría un castigo. A los soldados no se les permite criticar al presidente en los medios. «Yo nunca le voy a perdonar a Bush que nos trajera a luchar a una guerra por una mentira. ¿Dónde están las armas de destrucción masiva? ¿Dónde están las relaciones con Al Qaida?», dice. El sargento se pregunta si los demócratas retirarán las tropas de Irak de llegar a la Casa Blanca. «Fue un error venir, pero ahora no podemos irnos. Hay que quedarse e intentar arreglarlo o aquí habrá una carnicería», dice.

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