| Crónica | La destrucción de la central iraquí de Osirak |
Veinticinco años de recelo por la presunta «bomba islámica»

El reactor nuclear iraquí de Osirak, destruido por Israel en 1981
La iniciativa de Javier Solana en Irán llega 25 años después del bombardeo israelí de la planta nuclear iraquí de Osirak, cerca de Bagdad. El viaje del político de la UE marca, por lo tanto, 25 años de recelo y preocupación por la presunta «bomba islámica». El 7 de junio de 1981, las fuerzas aéreas de Israel bombardearon el reactor nuclear iraquí de Osirak -conocido también como Tamuz-, construido con asistencia francesa, en un hecho que se interpretó como el fin a las aspiraciones de los países árabes de producir una bomba atómica. «El ataque contra Osirak fue la confirmación de la hegemonía israelí en la región y que su posesión de armas de destrucción masiva era protegida por EE.UU.», explicó Emad Gad, experto del prestigioso Instituto Al Ahram de Estudios Políticos y Estratégicos. Analistas políticos consideran, no obstante, que la destrucción de la instalación iraquí supuso el inicio de las ambiciones nucleares del régimen iraní, de población no árabe pero musulmana, que decidió acceder a la tecnología atómica que, hasta el momento, era monopolio de Israel en Oriente Medio. Oriente Medio ha cambiado mucho desde la destrucción del reactor nuclear iraquí Osirak -conocido también como Tamuz- pero Israel sigue siendo la única potencia nuclear en la región, y ningún país árabe, ni tampoco Irán, ha podido hasta ahora seguir sus pasos. Aunque no se conoce de forma oficial el volumen de armamento nuclear israelí, cifras no oficiales señalan que el Estado hebreo tiene al menos 200 cabezas nucleares que pueden alcanzar cualquier país de Oriente Medio y del norte de África.