Tras los atentados del 11-S el Gobierno pinchó teléfonos y rastreó correos electrónicos
Washington espía las transacciones financieras de miles de personas
Bush intentó impedir que «The Times» y «The Washington Post» publicaran la información
El Gobierno de Estados Unidos admitió ayer haber espiado transacciones financieras de cientos de miles de personas en todo el mundo. Este programa se puso en marcha en secreto tras los atentados del 11-S, prácticamente al mismo tiempo que el de las escuchas telefónicas y rastreo de correos electrónicos. Según el Departamento del Tesoro, encargado de ponerlo en práctica, su objetivo era localizar los movimientos bancarios de los sospechosos de terrorismo. Pero en realidad el programa acumuló millones de datos de transacciones financieras de gente que no tiene nada que ver con grupos terroristas y sin autorizaciones judiciales específicas para cada caso. Washington reconoció haber exigido la colaboración de la Sociedad Internacional para las Telecomunicaciones Financieras Interbancarias (Swift, en sus siglas en inglés), con sede en Bruselas, de la que forman parte casi 8000 instituciones financieras de unos 200 países. En un comunicado oficial, esta empresa de intercambio y almacenamiento de datos bancarios ha admitido haber recibido orden de EE.?UU. de suministrarle información sobre sus actividades y clientes. Fuentes oficiales señalaron que al menos 10 bancos centrales de otros tantos países estaban al corriente de esta operación sin haber puesto objecciones. Como ya hiciera en el caso del espionaje telefónico, el Gobierno ha cerrado filas y ha defendido la legalidad de este programa ordenado por George W. Bush. Después de que intentar impedir que The New York Times y The Washington Post publicaran la información. Filtraciones a la prensa Tras las revelaciones de la prensa, el secretario del Tesoro, John Snow, negó que se haya violado la intimidad de los ciudadanos. Por el contrario subrayó que dicho programa es «sin duda vital» en la guerra contra el terrorismo. «Es totalmente consistente con nuestros valores democráticos, con nuestras mejores tradiciones legales», dijo Snow. «Si la gente está mandando dinero a Al Qaeda, nosotros lo queremos saber». El ministro saliente aprovechó para criticar las continuas filtraciones a la prensa, que no ayudan en nada a las autoridades. Por su parte, la oposición demócrata se mostró preocupada por la intromisión en la privacidad que este programa.