| Crónica | Los primeros 100 días del Gobierno |
La Italia de Prodi se mueve
Las manifestaciones y la heterogénea composición del Gobierno son los mayores obstáculos ya que Berlusconi no planta batalla
El primer ministro italiano Romano Prodi se ha ido de vacaciones tras hacer un balance de los primeros cien días en el Gobierno con un comentario optimista: «Italia empieza a moverse». Ciertamente una verdad no exenta de momentos difíciles. Del programa presentado en la campaña electoral, algunas propuestas son ya una realidad aunque muchas otras son todavía un sueño. El principal problema de Prodi han sido, y son, sus propios aliados. Conseguir que esta coalición con ideologías dispares, que van desde la democracia cristiana hasta la ultra izquierda, vote unida, ha sido en varias ocasiones casi un imposible. El Gobier-no ha tenido que recurrir en siete ocasiones al voto de confianza en el Senado, donde la mayoría es exigua, para poder sacar adelante algunas leyes, como la consulta para continuar la misión de paz en Afganistán. Prodi ha logrado unir a sus gobierno, aunque algunas de las decisiones han tenido una dura respuesta en la calle. Por ejemplo, el decreto Bersani, promovido por dicho ministro a fin de liberalizar algunas profesiones, provocó la revuelta de taxistas, farmacéuticos y abogados. Los taxistas fueron los más aguerridos y consiguieron, tras varias jornadas de tráfico caótico en varias ciudades, que una liberalización limitada. También los farmacéuticos desafiaron al Gobierno con un cierre de las farmacias que no fue bien visto por los ciudadanos. La Iglesia mani-festó su malestar ante las declaraciones de la titular de Sanidad a favor de la legalización de la píldora abortiva. Ambientes vaticanos temen en Italia una «zapaterización» del país. Pero pese a todo, el país «se mueve». Sobre todo en el plano económico. Y Prodi no debe preocuparse por el momento por la oposición, dirigida por Berlusconi, que apenas se ha sentido y sólo se lamenta.