Los técnicos consideran que las circunstancias del accidente son «extrañas» y buscan la causa
La tormenta y un incendio tiran un avión con 170 pasajeros, 45 niños
Las víctimas regresaban a San Petersburgo tras pasar las vacaciones en el mar Los Tupolev so

Los bomberos trabajan en el lugar del avión siniestrado
Un nuevo accidente aéreo ha vuelto a llevar la tragedia a los hogares rusos. Un avión Tupolev 154, que cubría el trayecto entre el balneario ruso de Anapa y San Petersburgo, la antigua capital imperial, se estrelló ayer por la tarde cerca de la localidad ucraniana de Donetsk. Ninguno de los 169 ocupantes del aparato logró sobrevivir al impacto. A bordo del Tu-154 viajaban 159 personas, entre ellas 45 niños, y 10 miembros de la tripulación. La mayoría de los pasajeros regresaban a sus casas tras veranear en Anapa, un balneario ruso situado a orillas del Mar Negro, muy cerca del estrecho de Kerch. Todos los menores fallecidos en el accidente tenían edades por debajo de los 12 años. Había incluso seis bebés con menos de dos años. Un grupo de psicólogos enviados a San Petersburgo por el Ministerio de Protección Civil de Rusia trataban de prestar asistencia médica a los familiares de las víctimas en el aeropuerto de Púlkovo. Púlkovo es también el nombre la compañía aérea dueña del avión siniestrado. La aeronave despegó del aeropuerto de Anapa poco antes de las tres de la tarde (dos horas menos en España) y se estrelló unos cuarenta minutos después en un punto situado a 500 kilómetros hacia el norte. Exactamente junto a la localidad ucraniana de Sujobalka, a unos 45 kilómetros al noroeste de Donetsk. Según la agencia RIA-Nóvosti, que citaba un portavoz de la compañía Púlkovo, una tormenta obligó a los pilotos a elevar la altura de crucero de los 9.000 a los casi 11.000 metros. Pero, al parecer, no consiguieron evitar la nube. Alexánder Neradko, jefe del Servicio Federal de Navegación Aérea, dijo que el aparato entró en una zona de «fuertes turbulencias». Lo cierto es que, según distintas fuentes, desde el avión se enviaron tres, incluso cuatro, según Ria-Nóvosti, señales de socorro. La primera a una altura de 11.000 metros y la última cuando volaba a 3.000 metros. Después, el Tupolev desapareció de las pantallas de radar. Lo que nadie explicó ayer es por qué el avión pidió ayuda. Una de las hipótesis es que se declaró un incendio a bordo. Irina Andriánova, portavoz del Ministerio ruso de Protección Civil, aseguró que «está descartada la posibilidad de atentado terrorista». «Nuestros colegas ucranianos hablan de la tormenta como causa del accidente», añadió. Neradko insistió varias veces en que pudieron ser las turbulencias las responsables de lo sucedido. El Ministerio de Defensa ucraniano excluyó también que un misil pudiera haber derribado el aparato, ya que, aseguró un portavoz, «en la zona no se están llevando a cabo ejercicios de tiro o maniobras». En octubre del 2001, un cohete, disparado durante unas maniobras, destruyó otro Tu-154 sobre el Mar Negro, que volaba desde Tel Aviv a Novosibirsk. Ninguna de las 78 personas que se encontraban a bordo sobrevivió. Miroslav Boichuk, presidente del sindicato de pilotos (PLS) declaró que «es muy raro que un avión se venga abajo por culpa de las turbulencias, por muy fuertes que sean». Los operarios del servicio de tierra del aeropuerto de Anapa, por su parte, aseguraron que el avión estaba prácticamente nuevo y sin averías. La mayor parte de los expertos consultados durante los informativos de las principales cadenas de televisión ruso pusieron de manifiesto que las circunstancias en las que se produjo el accidente «son, cuando menos, extrañas». El avión cayó muy cerca del poblado ruso de Sujobalka, pero sin llegar a causar ningún tipo de daño material.