Asegura que las cárceles secretas han sido «inestimables» para mejorar la seguridad | Análisis | Un lustro sin las Torres Gemelas |
Bush dice que su política contra el terrorismo en el mundo funciona ¿Y si no hubiese cambiado nada?
Insiste en justificar la guerra de Irak, y el ultraderechista francés Le Pen lo acusa de criminal

En vísperas del quinto aniver-sario del 11-S, la Casa Blanca se esfuerza por capitalizar la trágica fecha con la mira puesta en las elecciones legislativas de noviembre. George W. Bush busca utilizar este aniversario para apelar, una vez más, a la emoción colectiva y subrayar que su política antiterrorista está funcionando, y que la guerra en Irak fue necesaria. Como hizo en los últimos días, ayer volvió a defender su estra-tegia en esta lucha, incluyendo la existencia de cárceles secretas de la CIA en otros países. En su discurso radiofónico de los sábados, el republicano señaló que ese programa ha sido «inestimable» para garantizar la seguridad nacional y la de sus aliados. Y reiteró que la información extraída a los detenidos ayudó a desbaratar los planes de varios atentados. «Estados Unidos es hoy más seguro porque hemos actuado sobre los vacíos existentes en materia de seguridad», indicó Bush. Y añadió que hay que tomar en serio las «palabras de estos extremistas y actuar con determinación para impedir que alcancen sus malvados objetivos». El líder norteamericano insistió en la necesidad de que el Congreso acepte que los presos comparezcan ante tribunales militares, con lo que «mandaremos un mensaje claro a aquellos que matan a estadounidenses: poco importa el tiempo que tardemos, los encontraremos y los juzgaremos». No obstante, la Administración Bush volvió a sufrir un nuevo varapalo. «Una nueva Era», «nada vol-verá a ser igual», «un nuevo tipo de guerra, una nueva clase de enemigo»¿ Los días que siguieron al 11 de septiembre del 2001 no sólo estuvieron envueltos en ceniza y lágrimas, también en proclamas solemnes. Casi todas coincidían en que el mundo ya no podía ser el mismo. Cinco años después, aún escuchamos aquellos pronósticos apocalípticos sin preguntarnos hasta qué punto se han cumplido. Cabría decir que en muy pequeña medida, al menos en Estados Unidos. El temor a atentados constantes en ese país no se ha materializado, como tampoco, tras un lustro, se puede seguir hablando de «células durmientes» dispuestas a actuar en suelo norteamericano. Desde el 2001, tan sólo tres estadounidenses han muerto en su país en actos de terrorismo, algo que no puede atribuirse siquiera a una mejor política de seguridad. Desprestigiados y desorientados, los servicios de inteligencia han logrado capturar apenas un puñado de auténticos terroristas en todo el mundo en medio de infinidad de errores (recien-temente, nos enterábamos de que la exploración de las tramas financieras del te-rrorismo había arrojado en España un saldo de 38 euros confiscados). Los atentados se han produ-cido en otros países (España, Gran Bretaña, Indonesia). Pero incluso aquí se trata de hechos tan diferentes entre sí que parecen más producto de la emulación que de la estrategia. El «nuevo tipo de guerra» está resultando idéntico al antiguo. Invasiones y ocupaciones como la de Afganistán o Irak no son sino la repetición de acciones anteriores en Panamá o Bosnia, y su relación con el 11-S o el terrorismo.