Las autoridades restringen los vuelos privados sobre Manhattan tras el último accidente
El gobernador de Nueva York exige vedar el espacio aéreo a las avionetas
La información ofrecida por los testigos apunta a que el piloto perdió el control del aparato Un piloto

Bomberos de la ciudad de Nueva York examinan los restos del avión
El cielo de Manhattan empezaba a despejarse a primeras horas de la mañana de ayer. La fuerte lluvia que comenzó a caer minutos después de que la avioneta del jugador de los Yankees Cory Lidle se estrellara contra un rascacielos la tarde anterior, dio pasó a un soleado día, como si la Gran Manzana quisiera borrar las trágicas imágenes que hicieron recordar a todos un 11 de septiembre de hace cinco años. El equipo de investigadores federales encargados del suceso volvió temprano a la calle 72 con la Avenida York, en el barrio residencial del Upper East Side, para seguir buscando pistas que esclarezcan el choque que causó la muerte a Lidle y a su instructor de vuelo, Tyler Stanger. La policía mantiene la zona acordonada mientras trata de alejar a los cientos de curiosos que armados con cá-maras se acercan al lugar para ser testigos de la historia. Los vecinos de los inmuebles cerca-nos están siendo interrogados para tener un relato detallado de los hechos. Por su parte, la NTSA, agencia nacional encargada de la seguridad en el transporte, está intentando localizar a los pilotos de otros aparatos que estuvieran por la zona en el momento del impacto para pedirles su versión de lo ocurrido. Algunos testigos ya han declarado que vieron cómo la avioneta se acercaba al edificio de 52 plantas haciendo extrañas maniobras, como si el piloto hubiera perdido el control, la hipótesis más probable. Mientras tanto, las autoridades han restringido temporalmente este tipo de vuelos privados sobre Manhattan, para lo que ahora hay que pedir un permiso especial si van a volar por debajo de los 1500 pies (en la actualidad el límite son 500). Algunos legisladores locales, con el gobernador de Nueva York a la cabeza, ya han pedido que este tipo de restricciones sean más severas y algunas de carácter permanente. «Nuestro espacio aéreo debe disponer del mismo tipo de protección que el de la capital del país», señaló George Pataki, que se sumó a quienes recordaron que medidas similares se adoptaron cuando pasó el 11-S, pero fueron levantadas a los seis meses. Lo que muchos se preguntan es por qué Washington no prohíbe de una vez por todas este tipo de vuelos para evitar posibles ataques terroristas. La respuesta sería la poderosa influencia que los lobbies de la industria aeronáutica y las asociaciones de pilotos tienen en el Capitolio. También ayer se dio a conocer el saldo oficial de heridos, que ascendió a 21 personas, la mayoría de ellos bomberos, que fueron llevados a hospitales cercanos sin que el estado de ninguno de ellos revista gravedad. Como ha quedado claro, y según apuntó el gobernador Pataki, el espacio aéreo de la ciudad de los rascacielos, con su imponente skyline «es uno de los más difíciles de sobrevolar de todo el país». La ubicación de la ONU al borde del río del Este, sólo 30 manzanas por debajo del Edificio Belaire, hace probable el control aéreo. Allí el secretario general de la organización, Kofi Annan, ocupa el piso 38. El motor de la avioneta del jugador de béisbol se incrustó en el piso 40 del edificio siniestrado.