Muere acuchillado en su casa de Moscú un jefe de la agencia oficial de noticias
La muerte de Anatoli Voronin pone en jaque a Putin
La ola de asesinatos que azota Rusia desde hace un mes se cobró ayer una nueva víctima. No hay todavía indicios que permitan determinar la naturaleza de tanta muerte, pero la hipótesis de una conspiración para desestabilizar el régimen de Vladímir Putin se presenta, a ojos de algunos rotativos rusos, como la más plausible. Sea lo que fuere, lo cierto es que los matones se están adueñando de Rusia. Ayer fue acuchillado en su propia casa, Anatoli Voronin, director gerente de la agencia de noticias rusa Itar-Tass. Es sintomático el hecho de que el asesinato de un responsable de tan alto nivel, teniendo en cuenta que pertenece al mundo de los medios de comunicación, consternados aún por la reciente muerte de Anna Politkóvskaya, fuese prácticamente silenciado por las principales cadenas de televisión rusas. El único canal que informó del asesinato de Voronin fue la NTV y no lo hizo en su espacio informativo sino en un programa de sucesos. La noticia que sí tuvo gran difusión fue la detención de tres sospechosos de haber dado muerte al vicepresidente del Banco Central de Rusia, Andréi Kozlov, el pasado 14 de septiembre. En un intento de quitar importancia al crimen de este lunes, el vicefiscal de Moscú, Alexéi Grigoriev, dijo: «Por ahora, no hay nada que haga pensar que la muerte de Voronin tenga que ver con su actividad profesional. Parece más bien algo de carácter personal vinculado con su orientación sexual». El fiscal afirmó que el director gerente de Itar-Tass era homosexual. Fuese o no pasional el crimen lo cierto es que el asesino se empleó a fondo. Le asestó varias puñaladas a Voronin en el cuello con un afilado machete. El asesino pudo entrar sin problemas en la vivienda del directivo de Itar-Tass, lo que hace pensar a la Policía que él y la víctima se conocían. La muerte debió producirse entre la una y las dos de la tarde. Voronin, que tenía 55 años, debía haberse incorporado ayer a su trabajo después de las vacaciones. Su chófer, que fue quien encontró el cadáver, estuvo esperándole en la calle por espacio de tres horas.