Burócratas y empresarios temen el fin de los buenos tiempos al amparo del Kremlin
La oposición atribuye la violencia en Rusia a la lucha por la sucesión de Putin
Para algunos, las autoridades provocaron la pugna de poderes con la destrucción de Yukos La prensa, amo
La ola de asesinatos que vive Rusia ha resucitado la imagen de un país desgarrado por las luchas de las mafias de la época del «Salvaje Este» en los años 90 y de que matar vuelve a ser negocio. El lunes, fue el gerente de la agencia Itar-Tass, Anatoli Voronin, quien fue hallado muerto, y la semana anterior, Alexánder Plojin, gestor del segundo banco más importante de Rusia. El 7 de octubre, la periodista y defensora de derechos humanos Ana Politkóvskaya. Y unos días antes, el vicepresidente del Banco Central, Andréi Kozlov. A nadie, ni a los detractores más intransigentes del Kremlin, se les ocurriría comparar el país del presidente Vladimir Putin con el de Boris Yeltsin, cuando los asesinatos de políticos, empresarios, banqueros y periodistas eran parte de la lucha por el reparto del poder y de la propiedad tras el desplome de la Unión Soviética. Reparto del país «Los asesinatos por encargo son hoy mucho más raros que hace 12 o 15 años», admite Mijaíl Tukmachov, conductor de Suceso Extraordinario en el canal NTV. Pero, según él, «no se debe a que las autoridades hayan controlado el crimen, sino a que han repartido el país entre sí». Sin embargo, para Dimitri, un próspero empresario, Rusia está hoy «ante un nuevo reparto de la propiedad». En los años 90, recuerda, eran los ex funcionarios soviéticos y los capos quienes se peleaban por la mayor tajada. En esta nueva etapa «fueron las autoridades, con la destrucción de Yukos (la mayor petrolera privada del país que, por presuntos fraudes fiscales, fue a parar al Estado), quienes abrieron la caja de Pandora», añade. «Con el cambio de los timbres fiscales en las botellas que se facilitaron a nuevas empresas, redistribuyeron a su favor el mercado del alcohol», tan lucrativo como el del petróleo, añade. Como resultado, ya nadie se siente seguro, ni siquiera los banqueros, que pueden perder sus licencias o su vida en cualquier momento, ni los embajadores. Fuentes de la oposición, sin embargo, ven tras la nueva ola de violencia las luchas internas entre los clanes del Kremlin, que se preparan para cuando Putin cese en el 2008. Así opinaba Politkóvskaya. Para el diario para el que trabajaba, Nóvaya Gazeta , quien encargó su asesinato podría ser el «partido del tercer mandato», los partidarios de modificar la Constitución para permitir a Putin presentarse por tercera vez a elecciones. Es decir, buró-cratas y empresarios que temen que con la salida de Putin se acabarán para ellos los tiempos de las «vacas gordas». Como resultado, ya nadie se siente seguro en Rusia, ni siquiera los banqueros, que pueden perder sus licencias o su vida en cualquier momento, ni hasta los embajadores occidentales, algunos de los cuales han cambiado sus flamantes limusinas por automóviles blindados. Fuentes de la oposicion, sin embargo, ven tras la nueva ola de violencia las luchas internas entre los clanes del Kremlin, que se preparan febrilmente para la batalla.