Bush se lanza a la ofensiva electoral en la recta final de las legislativas

Bush, ayer en con el secretario general de la OTAN, Jaap de Hoop
«Me divierte estar por ahí fuera. Me gusta hacer campaña». George W. Bush se lo ha tomado en serio y se ha involucrado de lleno en la recta final de las elecciones legislativas, en las que, según la mayoría de las encuestas, los republicanos perderan el control del Capitolio, donde reinan desde 1994. De ser así, el mandatario tendría serias dificultades para sacar adelante su agenda y su capacidad de maniobra se vería seriamente limitada en los dos años que le quedan en el Des-pacho Oval. Por eso ha decidido dar un paso al frente y lanzarse a la carretera para recorrer gran parte del país, sobre todo los estados claves en los comicios. Lo mismo han hecho su esposa Laura, el vicepresidente Dick Cheney y otros altos funcionarios de la Casa Blanca, presentes en decenas de mítines y cenas para recaudar fondos para sus candidatos. En algunos medios ya han bautiza-do a Bush como cheerleader in chief (algo así como «animador en jefe» al juntar cheerleader, las animadoras que apoyan a sus respectivos equipos en los partidos, y commamder in chief, comandante en jefe). Optimismo pese a los sondeos Y es que a pesar de que las encuestas les dan como perdedores, Bush y su círculo más cercano sigue transmitiendo cierto nivel de optimismo. Karl Rove, cerebro político de Bush y arquitecto de sus victorias electorales, indicó que además de las seis o siete encuestas que se difunden cada semana, todas desfavorables, él tiene acceso a más de 60 en las que la ventaja es para los republicanos. Los conservadores se apoyan, para mantener las esperanzas, en que los electores votaran en función de problemas que les afecten a nivel local, lo que desmontaría la estrategia de los demócratas que han hecho de estos comicios un referendum sobre la guerra en Irak. «Estas elecciones son locales, cada una con sus particularidades. Y nosotros tenemos muy buenos candidatos que trabajan duro. Por eso vamos a ganar», indicó Bush hace dos días. El Partido Republicano también confía en que sus bases se movilicen como de costumbre y salgan a votar en masa. «Esta campaña sólo termina después de que los votantes hayan ha-blado en las urnas», señaló el presidente. «El 7 de noviembre va a ser un buen día para los republicanos», afirmó con su eterno optimismo, que le lleva a ni siquiera hablar de una posible victoria demócrata en el Congreso en las reuniones con su Gabinete en las que analiza su agenda para los dos años que le quedan en la Casa Blanca. Algunos ven en esta actitud un signo de su confianza. Sus críticos lo achacan a su capacidad para no ver lo que no le gusta. Como hace en Irak.