| Análisis | Justicia y democracia |
Veredicto en medio del caos
He aquí una muerte en Irak que no pasará desapercibida para el gran público: la más que segura de Sadam Huseín, quien a estas horas podría haber escuchado ya el veredicto sobre la causa de Duyail, la primera que se instruye contra él, y que seguramente será la última. Un veredicto de inocencia sería una sorpresa incluso para él, que sabe de sobra que ordenó la matanza de 150 habitantes de ese pueblo y torturó a los mil restantes. La justicia, tristemente, tie-ne una parte de venganza, y es esa parte siempre la menos satisfactoria. El ahorcamiento de Sadam, sobre todo, traerá poco consuelo a sus miles de víctimas: la pena de muerte, un castigo excesivo para la moral civilizada, tiene en cambio en el Irak de hoy en día tan poco valor como la propia vida humana. Cuando tan sólo en los dos días anteriores al veredicto ya han aparecido casi cien cuerpos mutilados en Bagdad, ¿a quién puede llamarle la atención la muerte de un dictador derro-cado? Ayer, Maliki llamaba a sus administrados a «mostrar su alegría de modo que las celebraciones no pusiesen en peligro sus vidas», cuando lo cierto es que las vidas de los iraquíes están en peligro constantemente y la alegría se habrá vuelto un bien tan escaso como la electricidad, el pan o el agua. Sin duda, pocos verterán una lágrima por el tirano caído si el veredicto resulta ser culpable, pero está por ver si algunos no verterán mucha sangre. En este sentido, Washington estará observando con mucha atención la reacción de la comunidad suní. Pueden ocurrir dos cosas: si los suníes se radicalizan a con-secuencia de la muerte de su líder, todo está perdido para los americanos, que cuentan con ganarse a esta comunidad para lograr un mínimo de estabilidad en el país. Por el contrario, y este es seguramente el cálculo de la Casa Blanca, la muerte de Sadam podría desmoralizar a la resistencia sadanista y abrir la puerta a una mayor cooperación de los suníes con los norteamericanos ante la deriva proiraní del Gobierno de Maliki.