El veto de Polonia y la muerte del ex-espía devalúan la cumbre entre la UE y Rusia
El ambiente reinante ayer entre los asistentes a la cumbre Rusia-Unión Europea, al menos entre los miembros de la delegación rusa, era de visible irritación. El presidente Vladímir Putin calificó de «provocación política» las acusaciones lanzadas contra él por la muerte del antiguo teniente coronel de los servicios secretos rusos, Alexánder Litvinenko, mientras su representante ante la UE, Serguéi Yastrzhembski, hablaba de la existencia de una «campaña perfectamente orquestada para desacreditar a Rusia y a sus dirigentes». La otra cuestión que ensombreció el encuentro fue el rechazo de Polonia a dar su mandato para el inicio de las negociaciones del nuevo gran acuerdo de cooperación estratégica entre Moscú y Bruselas. El convenio vigente expira a finales del año que viene. Embargo a la carne polaca No hubo tampoco manera de lograr que Moscú levante el embargo que impuso el año pasado a la carne procedente de Polonia, medida que explica el porqué del veto. Ambas cuestiones lograron devaluar seriamente la cumbre pese a que el primer ministro de Finlandia, país que asume la presidencia de turno de la UE en el actual semestre, insistió en que el asunto Litvinenko no se tocó durante las conversaciones. Tal vez, pero durante la rueda de prensa ofrecida a continuación fue el tema estrella. «Es lamentable que se utilice la muerte de una persona para organizar una provocación política», declaró Putin ante los periodistas congregados en el salón de actos del Ayuntamiento de Helsinki. Duda póstuma Putin puso en duda la autenticidad de la nota póstuma escrita por el ex espía, en la que le acusa a él directamente de su muerte. «Si la misiva fue escrita ya el día 21, ¿por qué no se publicó entonces, cuando Litvinenko estaba todavía vivo?», se preguntó. El presidente ruso afirmó que, en vez de mirar hacia Rusia, habría que pedir a las autoridades y Policía británicas que asuman como es debido la responsabilidad de velar por la seguridad de los ciudadanos que residen en el Reino Unido, «incluidos los rusos, sea cual sea su ideología y afiliación política», dijo.