BULGARIA
Los grandes optimistas
Pese a algunos temores, el 85% de los búlgaros apoyan la adhesión, el más alto registrado nunca
Los búlgaros son los grandes opti-mistas ante la entrada en el club co-munitario. El apoyo para la adhesión registrado por el Eurobarómetro de octubre es uno de los más altos que se han registrado nunca en comparación con otros países: 85%. Sin embargo, hasta los más optimistas reconocen algunos temores, como el posible en-carecimiento de la vida en uno de los países más pobres de Europa, la quie-bra de empresas ante la competencia de rivales extranjeros, el desempleo y el aprovechamiento de los fondos europeos. «Bulgaria, naturalmente, no está lista como tampoco lo estuvieron en su momento Grecia o Portugal pero la adhesión es la opción po-lítica únicamente correcta tanto para la UE, como para el propio país», ase-gura Daniela Kozhujarova, vicedecana de la facultad de Económicas y Políticas Internacionales de la Uni-versidad de Sofía. Expectativas El salario medio de un búlgaro está entre los 150 y 200 euros, que corta las expectativas económicas por los menos en los primeros años de la plena integración en la UE, es-pecialmente para la gente que vive en lo pueblos y ciudades pequeñas del país. La otra cara de la moneda presenta un crecimiento serio de las inversio-nes extranjeras: en el 2006 en Bul-garia entraron casi 3.300 millones de euros. Las expectaciones del sector privado para el próximo año son aún más optimistas. En el plan político la imagen es mu-cho mejor. Como estado en el corazón de los Balcanes, Bulgaria tiene la es-peranza de convertirse en el portavoz de esa región en la Comunidad. «La política regional y la zona del mar Negro, el nuevo territorio naval de la Unión Europea, es nuestro gran compromiso», afirmó el ministro de Asuntos Exteriores, Ivailo Kalfin. Vigilancia Bulgaria empezó sus negociaciones para la adhesión hace diez años. Sin embargo, el año 2006 fue el más difí-cil. Sofía tenía el visto bue-no con la firma del Tratado de Adhesión en Luxembur-go en abril del 2005, pero la mayoría de los Veinticinco no lo habían ratificado. Este proceso terminó positiva-mente para Bulgaria el pasado noviembre, a pesar de que quedan en la recá-mara -especialmente en la mente de los socios más antiguos- problemas que amenazan las fronteras y la vida en la Comunidad: la inmigración, la corrupción y el crimen organizado. España es unos de los países de la UE que ha puesto res-tricciones temporales a la entrada de los trabajadores búlgaros, que durarán por lo menos un año. Más de 55.000 búlgaros tienen regulada su residencia en España y se estima que unos 100.00 están sin papeles. Sin embargo, Madrid estuvo entre los grandes abogados defensores de Sofía en Bruselas en los últimos años y compartió su propia experiencia en la transición de un régimen au-toritario hacia la democracia, tras la caída del régimen comunista hace ocho años. Si bien la Comisión Europea no quiso postergar un año la entrada de Bulgaria, decidió en cambio medidas de vigilancia excepcionales durante el 2007, a pesar de que Bulgaria ya será un país miembro de la UE con plenos derechos. Los contactos activos entre los departamentos de la Comisión y Sofía seguirían hasta el momento en que el país muestre una capacidad plena de contribuir sin problemas a la vida comunita-ria. Los socios de Bruselas esperan además que el Gobierno búlgaro tenga capacidad para gastar bien y de manera transparente los fondos de cohesión: unos 2.000 millones de euros anuales hasta el año 2013. El país balcánico aportará a la gran familia europea el alfabeto cirílico y la religión cristiano ortodoxa. Dos aspectos que los búlgaros compar-ten con Rusia, Serbia y República de Macedonia -estas dos últimas naciones cuyo futuro europeo queda para un futuro-.