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Dosis de realidad para Bush

Baker es amigo de la familia Bush desde los años 70
James A. Baker III conoce como la palma de su mano los pasillos y túneles secretos que recorren Washington. Desde hace más de tres décadas ha caminado por ellos a las órdenes de Gerald Ford, Ronald Reagan y George H.W. Bush., sirviendo como jefe de gabinete de la Casa Blanca, secretario del Tesoro y de Estado, además de haber sido el arquitecto de las victorias electorales de los tres. También fue clave, desde su puesto de asesor legal, del triunfo de Bush hijo en las polémicas presidenciales del 2000. Amigo de su padre desde los años 70, comparte con la familia Bush una estrecha amistad -como ellos es natural de Texas- que le ha servido para llegar a ser consejero del poderoso Grupo Carlyle, un conglomerado gigante con múltiples intereses en Oriente Medio, no siempre del todo transparentes. Su nombre sonó, incluso, como posible sustituto de Rumsfeld al frente del Pentágono. Demócrata de adolescente, rápidamente se cambió de bando abrazando la causa republicana. Considerado un trabajador incansable, serio y disciplinado, Baker pertenece al grupo de los realistas frente al de los idealistas. Es decir, antepone el pragmatismo a la ideología, una característica clave para que fuera elegido copresidente del Grupo de Estudio sobre Irak. Muchos piensan que él es uno de los pocos que puede inyectar una dosis de realidad a Bush y su estrategia en el país dado el grado de credibilidad que tiene.