El presidente anunciará las nuevas directrices en el transcurso de la próxima semana
El cambiodeestrategia de Bush en Irak pasa por mandar más tropas
Acorralado por la opinión pública, última un plan para relevar a las cúpulas civil y militar

Un soldado americano inspecciona el lugar de un atentado con coche
Caras nuevas y más tropas para Irak. Acorralado por las encuestas, los gastos, los muertos en la línea del frente y sin el control del Congreso, el presidente George W. Bush da los últimos retoques a la nueva estrategia para sacar al país árabe, y de paso a Estados Unidos, del atolladero en que se encuentran. El mandatario presentará su plan, el mayor in-tento por cambiar el rumbo de la situación en Irak, a mediados de la próxima semana. «Una cosa es segura: quiero garantizar que la misión es clara y concreta y que puede ser alcanzada», dijo el jueves por la tarde desde la Casa Blanca. A falta de algunos ajustes, la nueva estrategia tiene básicamente dos frentes: uno diplomático y otro militar. En el primero se enmarcan los nombramientos realizados ayer además de otros que se irán conociendo en los próximos días. Respecto al segundo se impone con fuerza la opción de mandar más tropas a Irak de forma temporal para apoyar a los casi 140.000 solda-dos que luchan actualmente en el país árabe. Su misión principal sería frenar la espiral de violencia en Bagdad para lo que, según diversas fuentes, Bush podría ordenar el envío de dos brigadas de combate a la turbulenta capital iraquí, una tercera a Kuwait, como reserva, y movilizar otras dos en Estados Unidos que estén listas para intervenir. La idea es que estas tres últimas sean desplegadas en Irak en una segunda fase. De acuerdo a los estrategas militares, controlar Bagdad es esencial para calmar al resto del país. Otros dos batallones se enviarían a la provincia de Anbar, tomada prácticamente por la insurgencia suní. En total, el nuevo contingente militar sumaría poco más de 20.000 soldados, un número que algunos alargan hasta los 40.000. Según algunas ideas que han circulado semanas atrás, volverían a casa en un período de entre seis y ocho meses. Presión sobre Bagdad De forma paralela, Estados Unidos aumentaría la presión sobre el Gobierno iraquí para que ponga más de su parte en asumir más funciones de seguridad y acelere el entre-namiento de sus tropas. Pero en la ecuación de Bush falta aún despejar otra incógnita. ¿Cómo recibirá el nuevo Congreso de mayoría demócrata su plan para mandar más soldados? De entrada, los líderes demócratas en el Congreso y Senado, Nancy Pelosi y Harry Reid enviaron una carta ayer a Bush urgiéndole a comenzar la retirada de tropas de Irak en un plazo de cuatro a seis meses. También que los soldados dejen la primera línea de combate y se ocupen del entrenamiento de las fuerzas de seguridad iraquíes. «Ya ha quedado bastante atrás el momento para enviar más tropas a Irak», dicen en la misiva. El senador demócrata Carl Levin, nuevo presidente del poderoso comité de Servicios Militares, ya ha dejado claro que analizará un aumento temporal de las tropas sólo si viene con el compromiso de, más adelante, empezar la retirada, circunstancia ésta que está por determinar y que a estas alturas, incluso parece bastante improbable Pero también en las filas republicanas hay voces discordantes, como la del influyente senador John McCain, aspirante a la Casa Blanca en el 2008. Él es partidario de mandar un mayor número de tropas, sin fecha de vuelta, para acabar el trabajo empezado hace ya casi cuatro años y que puede significar un punto de inflexión de cara a las presidenciales.