Un hispano se lanza a la carrera presidencial por el Partido Demócrata
El gobernador demócrata Bill Richardson y el senador republicano Sam Brownback eligieron un mal fin de semana para anunciar su candidatura a las presidenciales de 2008, porque el salto al ruedo de la senadora Hillary Clinton eclipsó a todos. Aún así, la presencia del gobernador de Nuevo México aporta un grado más de diversidad en la reñida contienda y pone por primera vez a un hispano a tiro de ser presidente de EE.UU.. De hecho, mientras sus compañeros de partido se defendían en las elecciones de noviembre pasado, Richardson ya recorría el país en busca de alianzas, especialmente en el estado de Iowa, donde se celebrará la primera eliminatoria de candidatos en enero del año que viene. Ascenso meteórico A Richardson ya se le mencionaba hace una década como el hombre con más posibilidades de convertirse en el primer presidente hispano de Estados Unidos. Con el gobierno de Bill Clinton el experto en relaciones internacionales subía como la espuma. Después de haber sido reelegido siete veces como diputado de un estado del que no es nativo -este hijo de mexicanos nació en California y pasó sus primeros años en la ciudad de México-, fue nombrado embajador de Estados Unidos en la ONU y más tarde secretario de Energía. Su ascenso en la escala de poder se vio truncado por los escándalos de espionaje en el laboratorio de Los Álamos y la vuelta de los republicanos a la Casa Blanca.