Pistoleros de Hamás secuestran al sobrino del todopoderoso diputado del Al Fatah, Dahlan
Hamás y Fatah retiran a sus pistoleros de las calles en espera de una cumbre
Una iniciativa del rey de Arabia Saudí reúne en La Meca a los líderes de las dos partes en conflicto

Agentes palestinos patrullan las calles de Gaza para evitar posibles incidentes
«No hay esperanza de una solución». Ali Ustaz, vecino del barrio de Sheik Radwan, aprovechaba ayer los momentos de falsa calma de la tarde para salir a comprar una radio con la que seguir los acontecimientos, aún a sabiendas de que la señal que recibirá en su casa es tan inestable como la calle que tiene por delante, y que no puede atravesar sin mirar primero bien a los dos lados. Los pistoleros se están retirando poco a poco de las calles reemplazados por patrullas de policía, la prueba es que hay tiendas abiertas, y se están levantando barricadas, pero no hay que bajar la guardia. Hay balas volando por todas partes hace días. Ni el, ni el resto de la población de Gaza, tienen la mínima confianza en que se detengan las rivalidades, que el sábado arrancaron bien de mañana con la explosión de dos bombas de mortero cerca de las oficinas del presidente palestino, Mahmud Abbás, que no causaron víctimas. Sí lo hicieron las heridas de bala de días atrás sufridas por dos agentes de la Guardia Presidencial, que el sábado murieron en el hospital elevando a 27 el número de fallecidos de este fin de semana. Y van 80 desde diciembre. No fue, ni mucho menos, el único incidente dramático de la jornada. Un grupo de desconocidos, al parecer pistoleros del Movimiento islámico Hamás, secuestraban también por la mañana a Ashraf Dahlan, sobrino del todopoderoso Mohammed Dahlan. Diputado de Al Fatah, «hombre fuerte» incontestado de Abbás en la franja y, según reconocen hasta sus más tenaces enemigos que le han jurado muerte por su supuesto colaboracionismo con Israel, el único con autoridad para controlar a las facciones de su partido. La captura, realizada en un puesto de control clandestino tendido en mitad de la carretera a las afueras de Gaza, tensaba aún más el nervioso ambiente, como lo demuestran los detalles que se filtraban el sábado de una reunión del Consejo Revolucionario de Al Fatah celebrada en Ramala, donde sus miembros llegaron a arrojarse zapatos y tazas de café en una demostración desesperada de su incapacidad para consensuar una estrategia de solución al conflicto. El enfrentamiento se producía entre quienes exigían a Abbás mano dura para doblegar a las fuerzas de Hamás, -hoy por hoy, envalentonadas en esta contienda en la que la mayoría de las víctimas son de la facción rival-, y quienes insistían en poner todos los esfuerzos en la entrevista que el rais mantendrá hoy con el líder exiliado de los islamistas, el jeque Jaled Meshal, en La Meca por iniciativa del rey de Arabia Saudí. Será la segunda parte de la ya celebrada en Ammán el 21 de enero. Con todo, el veredicto final -trasladado por uno de los miembros del Consejo, Amin Makboul- daba la razón a los partidarios de la violencia: «hemos acordado que Al Fatah necesita responder a esta política de Hamás». Derramar la sangre Desde Damasco, y como preludio al encuentro de hoy, Meshal comparecía para hacer el enésimo llamamiento a la contención y recordar, fiel a su mensaje, que la sangre palestina sólo debe derramarse en la lucha contra la ocupación israelí, la defensa de los santuarios islámicos y cristianos de Jerusalén, la libertad de los presos palestinos y el regreso de los refugiados «¿Quién nos protegerá?, ¿cuál es nuestro pecado?... no somos de Hamás ni de Al Fatah». Nasser Mushtaha, propietario de un piso alto cerca de la atacada sede de oficinas de Mahmud Abbás, tampoco ve luz al final del túnel. Sin que él lo sepa, los servicios secretos de Israel, el Shabak, libraba el sábado un informe sobre la situación en la franja advirtiendo que los choques irán a más, incluso en los próximos meses, que no hay lugar al amparo.