Con 30 asesinatos en lo que va de año, es una de las ciudades más peligrosas de todo los EE.UU.
El «Katrina»haconvertido a Nueva Orleansenel «Bagdad» del Misisipi
El desastre que hace año y medio provocó el paso del huracán ha disparado las tasas de delincuencia

Carteles con la palabra «enough» (basta) cuelgan de las casas de los barrios más peligrosos
Año y medio después de que el huracán Katrina arrasara Nueva Orleans, la ciudad del jazz se ha convertido en el nuevo «Bagdad nacional» de Estados Unidos. Con cerca de 30 asesinatos sólo en lo que va de año, la metrópoli encabeza ya la lista de las ciudades más peligrosas del país. Tom Stovall tiene 18 años, dos amigos prófugos y decenas de asesinatos en la retina. No es el único en Nueva Orleáns. Dieciocho meses después de que el huracán Katrina reventara los diques de la cuna del jazz, inundando más de la mitad de la ciudad y dejando tras de sí miles de cadáveres. Los efectos del ciclón aún se dejan sentir en una localidad recién coronada como la más peligrosa del país, y cuyos niveles de violencia le ha valido el sobrenombre de «el Bagdad del Misisipi». «Aquí cada dos días cae alguien, como en Irak», asegura irónico y desafiante Tom, quien hace seis meses regresaba a su antiguo barrio en busca de una nueva y mejor vida. Como él muchos pensaron que el ciclón, además de arrasar con la zona, había ayudado por lo menos a limpiar el nombre de la antes conocida como «ciudad del pecado». «Para quien haya visto cualquier imagen en el Superdome no es un secreto que Nueva Orleáns ya era una ciudad más que peligrosa -asegura Rafael Goyeneche, presidente de la oenegé local Metropolitan Crime Comisión-, sin embargo, muchos vimos en el huracán una nueva oportunidad de arreglar las cosas». No fue así. Lejos de la redención la ciudad conseguía batir su propio récord el año pasado, tras registrar 163 asesinatos, la gran mayoría de ellos sin el culpable en la cárcel. «Muchos de los delincuentes ya estaban procesados hace años. Pero el ciclón arrasó con todo, pruebas, expedientes, incluso los testigos que tenían que declarar viven ahora en otra ciudad», se lamenta Goyeneche desde su céntrico despacho. Dos razas Pero no todo el culpa de la madre naturaleza. Según un estudio hecho público días antes del desastre, más del 88% de los detenidos conseguían también salir libres antes del paso del Katrina. Con el respaldo de una comunidad dividida por las tensiones raciales, poco o nada ayudó la manifestación masiva celebrada el pasado 11 de enero tras el asesinato de la cineasta independiente Helen Hill. «Hubo que esperar a que mataran a una blanca para que alguien levantase la voz», asegura ofendida al activista negra Nolange W. En reacción al asesinato, el controvertido alcalde Ray Nagin prometía hace unos días incrementar las vigilancias nocturnas e instalar cámaras de seguridad en los barrios más conflictivos. Muchos ven en esta medidas un parche a corto plazo más eficaz en las urnas que en las calles. «No podrán con ellos, da igual que traigas a todo el ejército. Estos chicos no tienen educación, vienen de familias desintegradas y encima ahora ni siquiera cuentan con un techo donde ir a dormir». No le falta razón, con uno de los peores sistemas escolares del país, tan sólo dos colegios públicos han abiertos sus puertas regularmente desde el paso del huracán. «Por lo menos antes estaban vigilados, ahora la gran mayoría vagan por la calle y aún queda gente por venir. Cuando todos los demás regresen, más vale que estemos preparados».