La Audiencia no la considera un peligro para la sociedad, pese a no mostrar arrepentimiento
Una terrorista alemana saldrá libretras pasar 24 años en la cárcel
¿Son o no 24 años en prisión suficientes para purgar varios asesinatos? ¿Debe la justicia utilizar otras gafas para una terrorista que para un asesino? Eran las preguntas que se hacían ayer analistas políticos en Alemania, tras conocer la inminente puesta en libertad de Brigitte Mohnhaupt, de 57 años, condenada a cinco cadenas perpetuas por una serie de asesinatos cometidos en la década de los 70. Tras casi 25 años entre rejas, Mohnhaupt, una de las líderes de la llamada segunda generación de la Fracción del Ejército Rojo (RAF) -también conocida como la Banda Baa-der-Meinhof-, podrá salir el próximo 27 de marzo en libertad condicional, tras cumplir el mínimo que contempla la ley alemana para los crímenes cometidos. Así lo decidió ayer la Audiencia Provincial de Stuttgart, por considerar que no hay indicios que apunten a que Brigitte siga representando un peligro para la sociedad. Tres asesinatos Algo muy distinto pensaban a finales de los 70. Entonces era una de las criminales más buscadas de Alemania, considerada uno de los cerebros de una serie de asesinatos a líderes de los poderes judicial (en el caso del fiscal general Siegfried Bulback), financiero (el banquero Jürgen Ponto, al que mató personalmente), o económico (el empresario industrial Hans-Martin Schleyer). «El Estado de derecho no es un estado vengativo», argumentaba ayer el político social-demócrata Deiter Wiefelspütz, y en este sentido la decisión del tribunal, que aprobó la solicitud de excarcelación que había presentado la propia fiscalía, fue acogida con respeto por todas las fuerzas políticas. Excepto los socialcristianos bávaros (CSU) y su todavía presidente Edmund Stoiber, que exige a Mohnhaupt que pida perdón a los familiares de las víctimas. No lo ha hecho hasta ahora, aunque suscribió la declaración de disolución de la RAF en 1988, y las autoridades consideran que ha abjurado claramente de la lucha armada conseguir fines políticos. «No existe obligación ninguna de mostrar arrepentimiento tras haber cumplido el mínimo de la pena», explicaba ayer la escritora Bettina Roehl, hija de la fundadora de la RAF, Ulrike Meinhof. Para los familiares de las víc-timas no hay comprensión que valga, ni siquiera como en este caso, cuando las perspectivas de resocialización se consideran positivas. Dirk Schleyer, hijo del asesinado en 1977, el llamado «otoño alemán» -cuando el terrorismo tenía a la élite alemana aterrorizada- se mostraba ayer conmocionado ante la decisión de la Justicia, a la que acusó de plegarse al derecho y no reconocer que para los familiares de las víctimas es vital que exista el previo arrepentimiento de los actos cometidos.