Diario de León

| Análisis | Interrogantes sobre el futuro|

Dos enemigos irreconciliables que deberán entenderse en la política

El futuro del Ulster pasa por el grado de entendimiento que muestren Paisley (izda) y McGuinnness

El futuro del Ulster pasa por el grado de entendimiento que muestren Paisley (izda) y McGuinnness

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i. a. londres
León

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Hay un chiste que corre por Belfast. A punto de morir, el reverendo protestante Ian Paisley pide su conversión al catolicismo. Cuando le preguntan por qué, arguye que es mejor que muera un católico que un protestante. Hay otro chiste más actual. Aquel que dice que Paisley y su archirival político, religioso y humano, el número dos del Sinn Féin, Martin McGuinness van a trabajar juntos como primer ministro y viceprimer ministro en el futuro Gobierno autónomo del Ulster. Pero en el Ulster nadie cree que ese tandem, salido del resultado final de las eleccionesde ayer, pueda funcionar. Según una encuesta publicada ayer por el Belfast Telegraph y Mori, casi dos tercios del electorado norirlandés, el 64%, no cree que Doctor No, como apodan al reverendo, y el ex cargo de la ejecutiva del IRA, puedan trabajar codo con codo por el bienestar de la provincia británica. El 37% no cree que podrán trabajar muy bien y el 27% que no podrán ni tomar el café de media mañana en su primer día a frente del Ejecutivo autónomico. El escepticismo es mayor entre los protestantes, donde sólo el 2% cree que podrá funcionar la dirección del futuro Gobierno del Ulster, frente al 4% de los católicos. Pero quizás Paisley, fundador de la Iglesia Presbiteriana Libre y quien calificó a la Iglesia de Roma como «la puta de Babilonia», esté dispuesto a dar un giro circense a su antagónico rechazo de todo aquello que huele a católico. Porque da la impresión de que a sus ochenta años, prefiere casarse con cualquiera a firmar su jubilación. De hecho de su famoso «nunca, nunca, nunca» de 1986, ha pasado a un «sí¿», liviano pero trascendental para la provincia ya que del rechazo categórico ha pasadoal condicional, exigiendo al Sinn Féin cumplir con sus promesas. Una vez cumplidas a Paisley sólo le queda lidiar con el enemigo en casa. Y el enemigo, McGuinness, conoce de sobra su papel. El de Derry tiene a sus espaldas el cargo de jefe negociador del Sinn Féin, lo que no le ha llegado por nada. Su pragmatismo conocido y del que hace gala cuando mantiene debates con políticos de signo opuesto, tendrá que ser desarrollado al máximo.

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