
Bayrou durante un discurso en la localidad de Toulouse
Se ha convertido en la pesadilla de los equipos de campaña de los dos partidos mayoritarios. Como una hormiguita, el centrista François Bayrou (UDF) cosecha votos a derecha e izquierda y los sondeos le dan ya un apoyo que roza el 24%. Todo un milagro que le podría llevar a la segunda vuelta de las presidenciales francesas gracias al voto de los descontentos y que le permitiría desempeñar el papel que hace cinco años jugó el ultraderechista Jean-Marie Le Pen. Entonces Bayrou sólo obtuvo un 6, 84%. Pero él es hombre de fe. El ex ministro del Interior Charles Pasqua reconoce que le marcó para siempre una de sus confidencias: «Bayrou es el único político que me ha asegurado que se le había aparecido la santa Virgen para predecirle que sería presidente de la República». Devoto católico, es a la vez ardiente defensor del carácter laico del Estado , y asiste a los oficios religiosos con el mismo fervor que despliega en sus encuentros con sus amigos masones. Es la historia de su vida, siempre entre contrastes. Profesor de letras clásicas y criador de caballos, se hace entrevistar encima de un tractor, aunque sus paisanos de Bordéres, cerca de Pau, no lo ven, y dicen que está muy ocupado en París. Su interés por presentarse como un hombre de la tierra le llevó el pasado dos de diciembre a anunciar su candidatura con las cumbres de los Pirineos al fondo: «En este lugar tengo mis raíces», aseguró ante una legión de periodistas¿ a 30 kilómetros de su pueblo, pero mucho más cerca del aeropuerto. En esta legislatura ha apoyado al Gobierno de la derecha, pero sin renunciar a los desmarques, el más sonado su voto favorable a la moción de censura presentada por los socialistas contra el primer ministro Dominique de Villepin. Hace meses, denunció que los medios de comunicación sólo se concentraban en Ségolène Royal y Nicolas Sarkozy y consiguió un trato preferente. Por eso le temen. A sus 55 años, su caso es aún un ejemplo citado por los profesionales: con machacona tenacidad y el apoyo de un profesor logró superar la grave tartamudez que padecía de niño. Su antiguo confesor dice que «tiene una fe capaz de mover montañas.