El presidente asegura que seguir las iniciativas de una retirada sería «devastador para EE.UU.»
Bush pide paciencia y más tiempo en el cuarto aniversario de la guerra de Irak
Un 78% de los iraquíes se oponen a la presencia de tropas extranjeras, según una encuesta Irak:

El presidente Bush en su comparecencia sobre Irak en el Salón Roosevelt de la Casa Blanca
Con más de 3.200 soldados muertos a las espaldas, manifestaciones de protesta a lo largo y ancho del país y los demócratas intentando que Estados Unidos salga de Irak, George W. Bush marcó ayer el cuarto aniversario de la invasión del país árabe sin variar las líneas generales del discurso que ha venido manteniendo desde que tomó la decisión de invadir Irak. En una comparecencia televisada desde la Casa Blanca, el mandatario repitió el mismo guión de siempre. Se mostró consciente de las dificultades que quedan por delante pero pidió paciencia. Bush defendió su plan para enviar 21.500 soldados más a Bagdad y a la provincia de Al Anbar pero avisó que «necesitará más tiempo para hacer efecto. No días ni semanas, sino meses». El presidente republicano apostó por seguir en Irak y no optar, según él, por lo más fácil, en alusión a las iniciativas demócratas presentadas -con desigual fortuna- en el Con-greso para rechazar el envío de más tropas y comenzar a retirar las que ya hay en la línea del frente en un plazo de un año. «Eso puede ser satisfactorio en el corto plazo, pero creo que las consecuencias para la seguridad de Estados Unidos serían devastadoras», señaló en los ocho minutos que duró su intervención. Pero las palabras de Bush parecen tener cada vez menos credibilidad en una sociedad cansada de la guerra. Un nuevo sondeo reveló ayer que sólo el 32% de los estadounidenses están a favor de la presencia americana en Irak, mientras que en el 2003, nada más invadir el país árabe este porcentaje estaba en el 72%. Los iraquíes, sin esperanza Si el pesimismo se adueña de los norteamericanos, aún lo hace más de los iraquíes. Una encuesta de varias cadenas de televisión apunta que el optimismo del 2004, un año después del inicio de la guerra, y del 2005, antes de las históricas elecciones legislativas, se ha desvanecido casi por completo. Seis de cada diez iraquíes aseguran que su vida va mal y sólo una tercera parte espera que las cosas mejoren.