Diario de León

| Crónica | La ciudad alauí de los kamikazes |

«Las ventanas saltaron por los aires y creí que íbamos a morir todos»

En medio de un importante dispositivo policial, los vecinos intentan recuperar la normalidad truncada por los ataques

Unos agentes, en la calle Mulay Rachid de Casablanca

Unos agentes, en la calle Mulay Rachid de Casablanca

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David Alvarado - casablanca
León

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Cuatro presuntos terroristas y un inspector de policía murieron el martes en El Fida, en el barrio casablanqués de Hay El Farah, a causa de varios ataques con bomba que causaron también heridas a 21 personas. La Dirección de Vigilancia del Territorio todavía «busca activamente» a más kamikazes en la capital económica marroquí. Estos hechos han traído de nuevo el temor y la inquietud a una población que no ha olvidado los atentados del 16 de mayo del 2003 y del pasado 11 de marzo. «Alá hi hafadna» [que Dios nos proteja], imploraba una mujer al lado de los cascotes de una de las explosiones de esta semana. Aunque un importante dispositivo de seguridad se mantiene en El Fida, el férreo cerco fue roto el miércoles ante el alivio vecinaol. «Siguen los helicópteros, los megáfonos, la policía científica trabajando y algunas de las barreras, pero ahora por lo menos podemos entrar en nuestras casas», indica un molesto Ahmed, en la calle con su familia desde que el martes fueron desalojados. Mientras hablamos con Ahmed, un hombre a quien delata el walkie talkie colgado de su pantalón, nos observa atento. «No se inquiete, es un policía de paisano, otro de tantos», afirma Salahedine, un septuagenario. Difícilmente se borrarán de las mentes de los vecinos el pánico vivido. «Me dirigía, como cada madrugada antes de ir a trabajar a efectuar la oración de Al-Sobh (primer rezo diario para los musulmanes) en la mezquita Abbassi cuando dos policías me dijeron que no podía continuar, que volviera a mi casa. Minutos más tarde, escuché unos disparos y supe que algo pasaba», cuenta Abdesalam. Era el comienzo de la redada para capturar a los sospechosos, alojados en un inmueble aledaño a la avenida Bouchaib Doukkahli, principal arteria del Hay El Farah. «Era todavía de madrugada y las ventanas de mi casa saltaron por los aires. Fue horrible, creí que nos íbamos a morir todos y desde entonces no dejo de rezar a Alá ni un instante», confiesa Fatiha, ama de casa y madre de cinco niños. Pistas sobre sospechosos La localización de los sospechosos fue posible gracias a las pistas aportadas por los detenidos tras el atentado del 11 de marzo en un cibercafé. Además, según la Policía Judicial, «no hay que olvidar la importancia de las informaciones de los ciudadanos y de su activa colaboración». Los vecinos tenían la consigna de informar sobre todo movimiento extraño o la llegada de nuevas personas. «Los que se inmolaron habían alquilado una habitación hacía unos veinte días y los veíamos a menudo pasear por la calle de forma sospechosa », apunta Ghita, quien confiesa orgullosa que lo comunicó en el puesto policial más cercano. «La vida sigue y aunque el miedo queda estaremos más atentos que nunca, con lo cual lo tendrán difícil aquellos que quieran perturbar nuevamente nuestra vida cotidiana», lanza Ghita desafiante.

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