| Análisis | Auge independentista |
Un gobierno trufado de escoceses «pierde» el Parlamento de Edimburgo
Un gobierno británico trufado de ministros de origen escocés ha visto a su Partido Laborista perder la mayoría en el Parlamento de Edimburgo a manos de los independentistas. Tanto el primer ministro, Tony Blair, como su previsto sucesor, el actual titular de Finanzas, Gordon Brown, nacieron en Escocia: en su capital, la literaria Edimburgo, el primero, y en la tradicionalmente industrial Glasgow, el segundo. Y este último, a diferencia de Blair, que volvió pronto la espalda a Escocia y es diputado por la localidad inglesa de Sheffield, sigue representando en el Parlamento británico a una circunscripción escocesa, la de Kirkcaldy y Cowdenbeath. De origen escocés y con un fuerte acento de esa parte del país, lo que le diferencia de Blair, es el también el titular del Interior y antes de Defensa, John Reid, uno de los pesos pesados del laborismo. Escoceses son también algunas de las jóvenes promesas como el ministro de Transportes, antes secretario de Estado para Europa, Douglas Alexander, o el de Agricultura y el Medio Ambiente, David Miliband, de quien se habla como un futuro primer ministro. Gordon Brown suele hacer hincapié con orgullo en lo que une a escoceses, ingleses y galeses, lo que él llama la britishness, es decir, la condición de británico por oposición a las diversas partes componentes del Reino Unido. El problema es que con las autonomías concedidas por los laboristas británicos tras su primera victoria electoral de hace diez años se han exacerbado, en lugar de mitigar, las ansias independentistas de muchos. El independentismo se ha visto impulsado además por la riqueza del petróleo del mar del Norte, por un lado, que hace a muchos pensar que una Escocia independiente puede convertirse, gracias a sus reservas, en una nueva Noruega, pero también por el surgimiento de nuevos países en la Europa poscomunista. Muchos escoceses se confiesan además hartos de que los ingleses les miren por encima del hombro y los acusen de sostener un estado social de corte escandinavo con las generosas subvenciones que reciben de Londres.