Diario de León

| Crónica | Disturbios en la noche electoral |

República de palos y piedras

Los enfrentamientos entre la policía y centenares de jóvenes antisistema que protestaban por la victoria de Nicolas Sarkozy convierten el centro de París en un campo de batalla

Opositores a Sarkozy queman banderas de Francia en la plaza de la Concordia en la ciudad de Toulouse

Opositores a Sarkozy queman banderas de Francia en la plaza de la Concordia en la ciudad de Toulouse

Publicado por
Juan Oliver - enviado especial | parís
León

Creado:

Actualizado:

El chico acaba de romper el cristal de una cabina con un adoquín y escapa corriendo por la calle Pavée, a unos seis­cientos metros de la Bastilla. Son las dos de la madrugada, no parece tener más de veinte años y va vestido de oscuro. Cuando logran alcanzarlo, dos policías lo apalean a porrazos y patadas, hasta que un coche se para frente a la escena, y sus ocupantes, boquiabiertos ante la saña de la paliza, se quedan paralizados. Uno de los agentes levanta la porra y les grita: «¡Largo!», pero el coche se cala. Quizá eso salva al joven de recibir más golpes, porque los policías se aman­san. Acto seguido lo esposan, la cara contra el asfalto y el terror en el rostro. La extrema izquierda fran­cesa recibió ayer a pedradas la victoria de Sarkozy en el centro de París, de la forma más violenta y antidemocrá­tica en que se puede entender la democracia, con varios cientos de jóvenes antisis­tema quemando coches, des­trozando mobiliario urbano y convirtiendo en un campo de batalla las calles del centro, entre las plazas de la Bastilla y de la República. Las algaradas se repitieron en toda Francia, con cerca de 800 vehículos quemados, una treintena de agentes heridos y más de 590 detenidos en Marsella, Lille, Lyon, Burdeos, Nantes... Pero el núcleo de la protesta fue la Bastilla, donde suelen convocarse las mani­festaciones de la izquierda y donde los detractores de Sarkozy, más que la victoria de Royal, deseaban celebrar la derrota del líder conser­vador. Si el comportamiento de esos grupos fue execrable, la respuesta de la policía, la misma que se entrenó a las órdenes del nuevo presidente cuando era ministro del Inte­rior, no le desmereció. Cien­tos de agentes armados con­testaron disparando pelotas de goma y botes de gases la­crimógenos, y aporrearon sin contemplaciones a cualquiera que estuviera en el lugar equi­vocado en el momento en que cargaban contra la multitud. Nicolas Sarkozy prometió mano dura con quienes se comportaran como los que ayer repudiaron a pedradas su victoria, pero no parece que la violencia vaya a terminarse así como así. Al menos, no lo hará si un coche no se cala en medio de la calle para impedir que dos policías linchen a porrazos a un chaval por romper el cristal de una cabina.

tracking