Diario de León

El Senado asesta un duro revés a la reforma migratoria de Bush

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Macarena Vidal - washington
León

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El futuro de más de 12 millones de inmigrantes ilegales que viven en Estados Unidos quedó ayer más incierto que nunca después de estancarse en el Senado un proyecto de reforma migratoria promovido por el presidente George W. Bush. Los senadores se pronunciaron anteanoche en contra de una moción para finalizar el debate sobre el proyecto de ley y proceder a su votación, lo que, en la práctica, permite que el proceso de presentación de enmiendas se prolongue hasta el infinito y la medida no llegue a votarse. El rechazo, encabezado mayoritariamente por los republicanos, pone de relieve las profundas divisiones que la reforma migratoria suscita en el Legislativo y representa una bofetada para Bush, que en la última semana había multiplicado sus llamamientos y sus intervenciones personales para que los senadores aprobaran la medida. El presidente, quien ayer concluyó su participación en la cumbre del Grupo de los Ocho celebrada en Heiligendamm (Alemania), instó al líder de la mayoría demócrata en el Senado, Harry Reid, a no dar por muerto el proyecto de ley y a volver a plantearlo al pleno en un futuro próximo. «Insto al senador Reid a actuar rápidamente a devolver de nuevo este proyecto de ley al pleno para una votación, e insto a los senadores de ambos partidos a apoyarlo», afirmó Bush en su discurso radial del sábado, que grabó en Heiligendam, y cuyo contenido la Casa Blanca distribuyó ayer. Un debate que divide al país El debate migratorio, agregó Bush, «ha dividido a demasiados estadounidenses». El presidente, que ha hecho de la reforma migratoria un asunto casi personal, reconoció que «como cualquier medida legislativa, este proyecto de ley no es perfecto. Y como muchos senadores creo que habrá que mejorarlo a lo largo del camino una vez que se haya convertido en ley». Pero, subrayó, «si nos unimos, podemos erigir un sistema de inmigración digno de este gran país». Apenas 45 votos a favor obtuvo ayer el proyecto de ley de los 60 que eran necesarios para quedar aprobado. El resultado de esa votación deshizo meses de intrincadas negociaciones entre bambalinas, encabezadas en el Senado por los líderes demócratas y en la Casa Blanca por los secretarios de Comercio, Carlos Gutiérrez, y de Seguridad Nacional, Michael Chertoff. El proyecto de ley representaba un delicado compromiso entre demócratas y republicanos. Abría un camino para regularizar la situación de los cerca de doce millones de inmigrantes indocumentados en EE.UU. y establecía un programa de trabajadores temporales como medio para encauzar la inmigración futura y conciliarla con las necesidades de las empresas.

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