El líder de Hamás defiende la «legitimidad» de su Ejecutivo y descarta la separación de Gaza
La división palestina se consuma al nombrar Abás al sustituto de Haniya
Egipto acogió en las primeras horas de combates a cerca de 250 miembros de Al Fatah huídos de Gaza

Un militante de Hamás arranca el retrato del presidente, Abás
La división de los palestinos en dos territorios, Gaza y Cisjordania, bajo dos liderazgos distintos, el de Hamás y el de Fatá, se materializó hoy con el nombramiento por parte del presidente Mahmud Abbás del diputado independiente Salam Fayad como nuevo primer ministro de un Gobierno de Emergencia. Un nuevo Ejecutivo llamado a reemplazar la coalición Hamás-Fatá disuelta la noche anterior por el rais, que fue fulminantemente rechazado en la franja, donde el poderío islamista conquistado por la fuerza en ocho días de combates repudió con ira la iniciativa del «gabinete de salvamento» como «un paso apresurado e ilegal» y «un golpe de estado que -amenazó un portavoz- tendrá serias consecuencias». Las consultas para la constitución del nuevo Consejo de Ministros auspiciado bajo la autoridad de Mahmud Abbás se seguían en Ramala mientras en Gaza, absolutamente ajeno a los designios del presidente y jefe de la OLP, el hasta ahora primer ministro del extinto Gobierno de Unidad, Ismail Haniye, ignoraba su propia destitución proclamando la «legitimidad» y la validez de la coalición suscrita el pasado 18 de marzo con Al Fatah. Por la que se comprometió «a seguir trabajando». «Afirmo todavía que el camino está ampliamente abierto para reformular esas relaciones con unas bases nacionalistas firmes», proclamó Haniye a la salida de la oración del viernes en la mezquita, donde fue recibido por disparos en el aire en una de las numerosas manifestaciones populares que apoyaron la victoria de Hamás por toda la franja. Rechazo a la partición El mandatario subrayaba también su negativa a aceptar la partición de los dominios palestinos en dos. «Gaza pertenece a todo el pueblo palestino y no solamente a Hamás. Nosotros rechazamos la idea de separación entre los territorios palestinos, entre Jerusalén este, la franja de Gaza y Cisjordania, que son indisociables», explicó para reafirmar que «la separación no está en el orden del día y no lo estará jamás». El jefe de Hamás, en una entrevista concedida al diario «Le Figaro», aseguró también que la toma de control practicada a través del brazo armado de su partido, las Brigadas de Azzedin al Kassam, puede equipararse a un «golpe de Estado», habida cuenta de que su poder es el «legítimo» que emanó «del Parlamento elegido democráticamente». «Había que poner fin al desorden», justificaba, antes de prometer que «la calma va a volver». La confusión política alcanzaba niveles de paroxismo justo cuando remitió sensiblemente el ruido de las balas una vez que Hamás tenía en sus manos ya todas las posiciones adversarias deseadas. Continuaron las purgas -un miliciano de Fatá fue arrojado desde un edificio por sus rivales islamistas, siguiendo la práctica sádica de días atrás- y las escaramuzas armadas, pero entre ellas también la sorpresa de un decreto por el que el portavoz de Hamás, Abu Obaida, anunciaba que decenas de jefes y activistas de Fatá que habían sido capturados a lo largo de la semana serían liberados tras los convenientes interrogatorios. Entre los amnistiados, Abu Obaida citó a un comandante de la Guardia Presidencial, un diputado y media docena de oficiales. En las cárceles de Israel, las autoridades penitenciarias procedían a la separación de los prisioneros de uno y otro bando -1.700 de Fatah y 1.300 de Hamás repartidos entre las instituciones de Ketziot y Ofer- a la luz de informes de inteligencia que aseguraban enfrentamientos inminentes entre ellos de manera inminente.