Los socialistas consiguen una derrota menos amplia de lo esperado
El electorado francés renueva a la baja su gran apuesta por Sarkozy
La derecha consigue unos 340 escaños y la izquierda unos 234 después de tener un acta de diputado Burdeos, la tumba de Juppé
Mes y medio después de llegar al Elíseo, Nicolas Sarkozy obtuvo este domingo en las urnas la reválida de la mayoría absoluta en la Asamblea Nacional para llevar a cabo su ambicioso programa de reformas. Pero el electorado corrigió a la baja las expectativas de hegemonía aplastante de la derecha y potenció a la oposición de izquierdas con más escaños de los augurados el domingo anterior por la ola azul de la ronda preliminar. La segunda vuelta de las legislativas clausuró de manera prematura el efímero estado de gracia del que gozaba Sarkozy tras su triunfal acceso a la jefatura del Estado y tradujo en términos electorales su política de apertura a la izquierda moderada que. a fuerza de ser tentada por el nuevo poder, ha sido premiada en las urnas con una derrota honrosa y prometedora. El síntoma espectacular de la amarga victoria conservadora fue la derrota en Burdeos, según estimaciones del voto, de Alain Juppé, que le forzará a renunciar al puesto de 'numero dos' del Gobierno, en cumplimiento de la regla dictada por el primer ministro, François Fillon. Según las primeras proyecciones publicadas por las cadenas de televisión al cierre de los colegios electorales, la UMP conservadora de Sarkozy y sus aliados obtendrían en torno a los 340 escaños del total de 577 escaños en la futura cámara de los diputados. El Partido Socialista (PS) y el resto de la izquierda conseguirían unos 234 escaños cuando en la primera vuelta sólo habían logreado un acta de diputado. Aunque las fuerzas conservadoras superan el listón de 289 escaños que marcan la mayoría absoluta, han de conformarse con una menor presencia parlamentaria que en la Asamblea saliente donde el centro-derecha ocupaba 394 asientos. El arreón socialista fue tan inesperado y sólido que sus dirigentes fueron los primeros en saludar el veredicto de las urnas. François Hollande, primer secretario del PS, se adelantó en comparecer ante la prensa por minutos a Ségolène Royal, ex-presidenciable y madre de sus cuatro hijos, en una infantil carrera demostrativa de la rivalidad naciente en el seno de la pareja por el poder interno. «La 'ola azul' no se ha tenido lugar», celebró Hollande, quien apreció en los resultados una corrección de tendencia en aras del equilibrio y el contrapoder, la diversidad y el pluralismo. Desde su punto de vista, se asiste al inicio de de la «renovación de la izquierda, la necesaria refundación, para que sea una alternativa indispensable». En sintonía con los análisis de los observadores, el líder socialista opinó que con su voto los ciudadanos «han expresado la duda y el temor» a las medidas iniciales del nuevo Gobierno conservador que entró en funciones hace un mes, en especial en el ámbito social. Entre ellas, la intención de subir el IVA con la finalidad de limitar las cotizaciones sociales que graban los costes laborales ha cobrado una decisiva influencia en las elecciones, con un coste estimado en 60 o 70 escaños menos de los previstos para la mayoría conservadora. La torpe evocación de este incremento de la presión impositiva a todos los consumidores en plena campaña electoral fue agua bendita para las huestes del puño y la rosa, que superaron sus divisiones a última hora para pedir el voto útil contra una política fiscal tildada de beneficiosa para los más ricos.