| Reportaje | Los «daños colaterales» |
Las matanzas de civiles desatan la ira afgana
Aviones de la Otan mataron ayer a 25 afganos en un ataque. Karzai califica la misión internacional como «una potente medicina que cura enfermedades pero tiene efectos secundarios»

Los ataques norteamericans en Zerkhu destruyeron una escuela recién construida por Italia
En el valle de Zerkhu todo el mundo tenía muy claro a finales de abril qué hacer si volvían los norteamericanos: matar a todos los que pudieran. Nos lo juraron a los pies de los cráteres que había dejado el bombardeo de los aviones norteamericanos, en medio del hedor de los cadáveres pudriéndose bajo los escombros. 136 muertos, 57 de ellos civiles. Y todo muy cerca de donde murió la soldado gallega Idoia Rodríguez Buján, en plena zona de responsabilidad española. Zerkhu, un valle que se había mantenido a salvo del avance talibán y que no era especialmente hostil a las tropas internacionales, le había declarado la guerra a Estados Unidos, pero ¿qué pasaba con los soldados españoles e italianos que también patrullan la zona? Los líderes tribales nos aseguraron que sabían distinguir muy bien entre unos y otros, pero en el cuartel español y en el de la Otan en Kabul nadie estaba tan seguro. El ataque norteamericano en Zerkhu, con su matanza indiscriminada de civiles les había puesto en una situación comprometida. Y aquella sería la primera vez de muchas. Había nacido la tensión entre las dos misiones que conviven en Afganistán: la liderada por la Otan, que está a cargo de la reconstrucción del país y de la seguridad, y la coalición liderada por Estados Unidos, destinada únicamente a la lucha antiterrorista. En esta segunda están incluidas casi todas las fuerzas especiales norteamericanas y de otros países, que actúan con total impunidad y sin someterse a los controles de la Otan. Fueron los ataques de estas unidades y de esta coalición los que causaron tantas bajas civiles en Zerkhu, en Nangharhar, en Kandahar y Helmand. En total más de 230 personas desde comienzos del año. Los mandos militares de la Otan presentaron sus críticas ante Estados Unidos y España elevó una queja formal por los ataques en Zerkhu. Sin embargo, la Otan tuvo que tragar con sus propios errores de precisión a la hora de soltar las bombas. Un ataque de sus aviones mató ayer a 25 civiles, entre ellos nueve mujeres y tres niños. El secretario general de la Otan, Jaap de Hoop Scheffe, ordenó una investigación de los bombardeos, pero eso no apaga las críticas que ya se ciernen sobre ellos y no digamos sobre la coalición liderada por Estados Unidos. En palabras de un diplomático occidental de Kabul, «con estos errores estamos cogiendo el camino más corto a la derrota». Los afganos lo tienen claro. «Ni siquiera durante la invasión rusa soportamos semejantes bombardeos», le comentó uno de los testigos de los últimos ataques. Mientras el presidente Karzai intenta hacer juegos malabares para tirar de las orejas a las tropas internacionales sin que a él le tiren del sillón presidencial. Hace unos días viajó a Zerkhu para intentar calmar los ánimos. Su discurso ante la gente no pudo ser más significativo: «Sabemos que la presencia de las tropas internacionales trae problemas algunas veces. Pero imaginad qué pasaría si no estuvieran aquí. Las tropas internacionales son como los medicamentos fuertes, que curan enfermedades pero tienen efectos secundarios».