Diario de León

Antes de fin de año quiere tener listo su proyecto para cambiar un sistema «insostenible»

Sarkozy presenta una reforma parar efundar el estado de bienestar galo

Los sindicatos ya han convocado una manifestación en octubre para mostrar su desacuerdo El Gobierno a

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Esperanza Suárez - corresponsal | parís
León

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El sistema social francés es «financieramente insostenible». Con esta constatación, el presidente Nicolas Sarkozy lanzó ayer un proyecto de «contrato social» con el que pretende comprometer a trabajadores y empresarios para reformarlo en los tres meses y medio que quedan de año. Los sindicatos, llamados hoy mismo a la mesa de negociación, adelantan que su calendario «es imposible» y ya han convocado manifestación para el 13 de octubre. Sarkozy dice que no quiere hacer «pasar por la fuerza» unas medidas que suponen «devolver el trabajo al corazón del sistema social», pero que tampoco le frenará la falta de concertación. No está dispuesto a que «el acuerdo sea una pantomima» y para que «todo el mundo asuma sus responsabilidades» ya ha amenazado a las centrales con revisar el sistema actual de representación y vincularlo con su financiación. Todas las reformas se harán al mismo tiempo porque el presidente tiene prisa por acallar las críticas de los ministros de Economía de la Unión Europea a su falta de rigor económico. Las perspectivas de crecimiento tampoco son buenas y pueden ser un caldo de cultivo para el descontento social. Y Sarkozy quiere empezar por lo que ha sido misión imposible para sus predecesores: los regímenes especiales de jubilación que afectan a las profesiones consideradas peligrosas y a los que se acogen varias categorías de trabajadores de los servicios públicos. Ante el estupor sindical, quiere zanjar este complejo asunto en sólo dos semanas. Su intención es además que casi nadie pueda jubilarse antes de los 65 años. Para conseguirlo, gravará fiscalmente las prejubilaciones y permitirá que quienes han cumplido esa edad puedan seguir trabajando si lo desean. Con las 35 horas de trabajo semanal en el punto de mira, flexibilizará la ley más allá de la desgravación fiscal de las horas extras aprobada en julio. Además, promete «sanciones más eficaces, firmes y justas» para los parados que rechacen dos propuestas de trabajo. Aunque mantiene su idea de reformar el sistema de contrataciones, ayer no hizo mención a su proyecto de contrato único que sirviera de excusa a los sindicatos para pronosticar un otoño caliente. En cuanto a la seguridad social, adviritió que no tiene vocación de tomarlo todo a su cargo sin controlar ni regular». Anuncia también una ley de dependencia que dará juego a los seguros privados. De momento, las centrales no ocultaron su inquietud tras el discurso del presidente en el Senado, que algunos dirigentes calificaron de «surrealista», o «un aperitivo para una degradación general». Para los socialistas se trata de «un ataque frontal al estado de bienestar».

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