| Análisis | Solucionar seis décadas en trece meses |
Annapolis: el legado de Bush
Bush (centro) flanqueado por Olmert (izda) y Abás (dcha)
Tras el optimismo generado el martes por el acuerdo entre israelíes y palestinos para alcanzar la paz antes de 2009, ya surgen las dudas sobre cómo se podrá resolver en 13 meses un conflicto encarnizado que dura ya seis décadas. El acuerdo alcanzado como han puesto de manifiesto varios observadores, tiene mucho simbolismo, especialmente por el apretón de manos que se dieron el primer ministro israelí, Ehud Olmert, y el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abas, tras siete años de desencuentros entre las partes. La imagen de los dos mandatarios, abrazados por el presidente estadounidense George W. Bush, recuerda a la estampa que dejó su antecesor Bill Clinton cuando promovió en 1993 el acercamiento entre el líder palestino Yasser Arafat y el israelí Yitzhak Rabin. Pero más allá del gesto, los analistas consideran que el contenido del acuerdo es débil y poco ambicioso, pues sólo fija un calendario de negociación, que debe concluir antes de 2009, y deja fuera todos los elementos de confrontación que existen entre israelíes y palestinos. Los diplomáticos más veteranos recuerdan que hasta ahora, todo intento de negociación ha fracasado, especialmente por el enfrentamiento acerca de cuestiones que,ni siquiera fueron mencionadas en el comunicado conjunto. Entre ellas, destaca la definición final de las fronteras del futuro Estado palestino, el futuro de los asentamientos de los colonos judíos en Cisjordania, el estatus de Jerusalén, y qué ocurrirá con los desplazados palestinos que se vieron obligados a dejar Israel, y que podrían no volver a su tierra natal. Aunque es cierto que el acuerdo abre una nueva esperanza para la paz en Oriente Medio, nadie duda, ni siquiera el propio George Bush, de que el camino es sumamente complicado. « Ahora, la pregunta que planea sobre el acuerdo es cómo se podrá resolver en tan escaso periodo de tiempo un conflicto que dura ya seis décadas. Ello obligará a la administración Bush a dedicarse con ahínco a un conflicto al que no ha prestado demasiada atención en los primeros años en la Casa Blanca, pero que ahora quiere que sea el principal legado de la recta final de su mandato.