Diario de León

| Crónica | Las «primarias» más igualadas |

La satisfacción por el valor del voto

Un matrimonio ejerce su derecho al voto en uno de los «caucus»

Un matrimonio ejerce su derecho al voto en uno de los «caucus»

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César Muñoz Acebes - washington
León

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Los residentes de Virginia, Maryland y el distrito de Washington hacían fila ayer en los centros de votación, encantados de tener voz por primera vez en muchos años en la elección de los candidatos presidenciales. Una campaña más reñida que en el pasado, especialmente en el lado demócrata, ha dado la oportunidad a los habitantes de esos dos estados y de la capital del país de participar en un proceso democrático cuyas reglas a menudo dejan sin valor la papeleta de muchos estadounidenses. Esa emoción se sentía en especial en Washington, que sólo comenzó a votar en 1964 en elecciones presidenciales y que aún carece de representación efectiva en el Congreso de Estados Unidos. «Éste es el único voto que cuenta para nosotros», dijo Betsy Centefonti, de 40 años, a la salida del centro de votación instalado en la escuela secundaria Dunbar, bajo una nieve rala y menuda. «La mayoría de los otros votos no tienen ningún significado», añadió Centefonti, que acudió a las urnas con su bebé de tres meses y marcó la casilla del republicano John McCain porque «es un héroe nacional y el mejor preparado para hacer el trabajo». Dentro, Steven Genner, el «capitán» del distrito electoral 19, estaba radiante. «La asistencia ha sido mucho mayor que lo anticipado. Hemos tenido que pedir ya más papeletas, y eso que abrimos hace tan sólo dos horas y media», afirmó Genner, de 50 años, quien ha trabajado como voluntario en «al menos doce» elecciones. Normalmente a estas alturas de la campaña, los candidatos de ambos partidos están virtualmente definidos. El sistema de elecciones primarias estadounidense da una voz preponderante a los residentes de estados pequeños, como Iowa y Nueva Hampshire, que votan los primeros. Victorias en esas primarias usualmente dan a los aspirantes el impulso y la cascada de donaciones para que no haya quien les pare. Este año, sin embargo, la batalla cuerpo a cuerpo entre los senadores Barack Obama y Hillary Clinton permite dar su opinión al resto del país. «No quiero decir que escogí tirando una moneda al aire, pero casi», dijo Jim McGrath, un contratista de 58 años, quien votó por Obama porque «está lleno de energía, es perspicaz y traerá el cambio». En el lado republicano las cosas están más claras, con el senador John McCain con una ventaja inquebrantable en número de delegados, aunque Mike Huckabee, el único rival que le queda, ya ha adelantado que cree en los milagros. Si en otras zonas del país la propaganda política llega a hastiar a la gente, los residentes de las ciudades a un lado y otro del río Potomac, que separó a los estados del norte y el sur en la guerra civil, están complacidos de verse cortejados por los candidatos y de que se les escuche. «Espero que la elección sea un indicador de que se reconozca oficialmente que somos importantes», dijo Bruce Williams, de 62 años, quien votó por Obama. Esta mañana, por ejemplo, el ex presidente Bill Clinton hablaba en WTOP, una radio de noticias local, mientras que los anuncios políticos inundaban las televisiones. No es sólo el sistema de las primarias que da más valor a unos votos que a otros. Las elecciones generales en Estados Unidos, que se jacta de ser el promotor de la democracia a nivel mundial, son en realidad un sistema indirecto, donde los votantes eligen a unos electores del llamado «Colegio Electoral», que a su vez escogen al presidente. Como el candidato que gana en un estado se lleva a todos los electores, la victoria depende de algunos estados clave, donde demócratas y republicanos están empatados.

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