Diario de León

Un proceso que culminará éste domingo y que tendrá al propio Fidel de testigo

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M. López de Guereño - la habana
León

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La decisión del líder cubano, Fidel Castro, de abandonar el poder tras casi medio siglo dirigiendo en primera persona el rumbo de Cuba, abre la puerta a un proceso de sucesión que presenciará desde la posición de auténtico testigo de excepción. Tras 19 meses de ensayo general en una Cuba que ha vivido con y sin Fidel Castro, mientras el ministro de Defensa, Raúl Castro, cumplía las funciones de presidente provisional. La puerta comenzó a abrirse el 31 de julio de 2006, cuando una grave enfermedad le obligó a delegar sus cargos, pero el proceso ya había echado a andar un 17 de diciembre de 2005. A partir de ahí, el aparato de poder comenzó un proceso de profundización institucional con un acento marcado en las estructuras del Partido Comunista de Cuba. En julio del año siguiente se reactivó el Secretariado del Buró Político del Partido -eliminado en 1991-, pocas semanas después de que Raúl Castro afirmara que «únicamente el Partido Comunista (...) puede ser el digno heredero de la confianza depositada por el pueblo en su líder». Entre los elegidos se encontraban, además de Raúl Castro, los vicepresidentes Carlos Lage, José Ramón Machado Ventura y Esteban Lazo; el canciller, Felipe Pérez Roque; el ministro de Salud, José Ramón Balaguer, y el presidente del Banco Central, Francisco Soberón. . Único candidato Más de año y medio después de la proclama al pueblo cubano en que Fidel Castro revelaba su convalecencia por un mal del que aún no se ha informado oficialmente, Raúl Castro es el principal candidato a ponerse al frente de la revolución. El nombre del nuevo presidente del Consejo de Estado, constitucionalmente, jefe del Estado, será pronunciado el próximo domingo en el acto de instalación del Parlamento cubano en que se designará a los 31 integrantes del Consejo de Estado. La nómina de futuribles también incluyen a Carlos Lage, de 56 años, y a Felipe Pérez Roque, de 43, exponentes de una población que creció -y en el caso del segundo, que nació- con la revolución. Queda la duda de hasta dónde llegará el relevo y si alcanzará más allá de Fidel Castro a una generación de líderes históricos de la revolución que en su mayoría superan los 70 años de edad.

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