Diario de León

Cano, partidario de la negociación, frente a los militaristas de Mono Jojoy

El Gobierno asegura que en las FARC hay una lucha por el poder

El Ejecutivo anuncia que intensificará su política de acoso y derribo sobre los terroristas

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Milagros López de Guereño - la habana
León

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Por primera vez en 44 años, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) están lideradas por un hombre que no ha conseguido el ascenso matando. En este momento, ausente la figura que la cohesionaba, es una incógnita el derrotero que tomará la que fuera la guerrilla más poderosa del continente, ahora muy castigada por la presión militar y la corrosión interna. El gobierno dice que las FARC pasan «por su peor momento» y anuncia la intensificación de su política de acoso y derribo; algunos analistas estiman que Alfonso Cano, el sustituto del histórico jefe Manuel Marulanda, impondrá la línea política más proclive a la negociación pero otros vaticinan una lucha interna de poder que podrían ganar los militaristas de la mano del Mono Jojoy, o acabar de disgregarla en grupos que podrían aliarse con paramilitares u otros delincuentes para seguir en el negocio de la droga y los secuestros extorsivos y no renunciar a sus millonarios ingresos, una perspectiva nada halagüeña. Habrá que esperar el desarrollo de los acontecimientos a corto y medio plazo. Si la muerte de Raúl Reyes y de Iván Ríos fue un golpe duro para la guerrilla, el deceso de su líder histórico, de 78 años, en el mismo mes, en marzo pasado, es un batacazo del que tal vez no pueda recuperarse. Con ello cuenta el presidente Álvaro Uribe quien el domingo prometía «trabajar mucho por el pueblo colombiano para que en Colombia, no reaparezcan criminales so pretexto de que defienden el pueblo». También el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, quien lanzó la noticia de la muerte de Tirofijo, aseguró que éste era un «obstáculo» para cualquier intento de paz y adelantó que los bombardeos «continuarán contra todos los jefes de las FARC». Llegó a precisar que Cano ha sido uno de los comandantes más perseguidos en los últimos meses y que aunque no estaba cercado las tropas le «pisaban los talones». El ministro del Interior y Justicia, Carlos Holguín, comentó que Pedro Antonio Marín, el verdadero nombre de Marulanda fue de los personajes que «más muertes causó y más dolor derramó por el territorio patrio». Coincidió con su colega al advertir que el gobierno seguirá «avanzando en la eliminación de las FARC y de ese grupo terrorista de bandoleros». Operación Filipo El general Freddy Padilla, comandante de las Fuerzas Militares, explicó que el 16 de febrero arrancó la operación Filipo cuyo objetivo era «su captura o muerte» (de Marulanda) y monitorearon las conversaciones. Según Santos, se enteraron por una llamada de Alberto Cancharina, jefe del Bloque del Magdalena Medio, a otro comandante informándole de la muerte «del viejo». El hecho es que con Tirofijo muerto, según el comunicado de la guerrilla a causa de un infarto de miocardio, la tropa se queda sin la figura que fundó el grupo, a quien -según Carlos Lozano, director del semanario Voz y experto en las FARC- «le tenían hasta veneración». También desapareció el único cuya palabra era ley, incluso entre los miembros más duros del Secretariado. Según el periodista Jorge Enrique Botero, buen conocedor de esa organización armada, «siempre hubo mucha admiración, una cosa reverencial y de paternidad». Camilo Gómez, ex comisionado de Paz en los diálogos del Caguán durante el gobierno de Andrés Pastrana, explicó al diario El Tiempo que «cuando él hablaba los demás solían escuchar, y cuando intervenían pedían permiso, incluidos Jojoy y Raúl Reyes ( ) Era un jefe indiscutible que ejercía el mando». De todas formas, los expertos consideran que las cosas van a cambiar porque pese a que la elección de Alfonso Cano fue por «unanimidad», será difícil que pueda llegar a tener la misma autoridad que ejercía Marulanda.

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