La cumbre de la FAO concluye rota y sin poder pactar un texto conjunto final
La cumbre de Roma, celebrada para dar una respuesta a la brutal subida de los precios de los alimentos y al hambre que sufren 862 millones de personas, empezó bien el martes con grandes propósitos y una concordia general de los grandes líderes, pero acabó este jueves bastante mal, incapaz de coincidir en una declaración final conjunta. Sólo se aprobó tras horas de largo debate, con retraso, de noche, con objeciones y críticas abiertas en el pleno, y eso que había quedado muy descafeinada. El optimismo de los principios generales se perdió a la hora de los detalles en las precisiones de cada delegación. Argentina, por ejemplo, hizo batalla del párrafo referente a la condena de restricciones que puedan afectar a los precios, al darse por aludida, y Cuba insistió en mencionar el embargo. Eran síntomas de un malestar más profundo, explícito en el caso de muchos países de Latinoamérica. Así pasaron varias horas y la declaración se fue retrasando. EE UU manifestó sin rodeos que prefería no firmar nada a un mal acuerdo, e Italia, anfitrión, declaró el texto «decepcionante». La lectura general es de un enfrentamiento global entre ricos y pobres. En la práctica, el Grupo de Trabajo formado por la ONU, con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, propondrá un plan que se reparte entre ayuda inmediata y otra a largo plazo y debe ser impulsado por la próxima reunión del G-8 en julio.