El limbo legal de la cárcel de Guantánamo tiene los días contados
Tanto John McCain como Barack Obama, los dos candidatos a la presidencia de EE.UU., han prometido cerrar la prisión de Guantánamo, pero la cuestión es qué hacer con los 270 detenidos que languidecen en sus celdas. Tras seis años de protestas, las asociaciones de derechos humanos ven el fin de una cárcel que consideran una afrenta a los principios del país. «El cierre de Guantánamo es inevitable. Políticos de diferentes orientaciones políticas están ahora a favor de hacerlo», dijo Elisa Massimino, directora de la oficina de Human Rights First en Washington. El Gobierno de George W. Bush siempre ha defendido Guantánamo como un lugar necesario para mantener a enemigos peligrosos fuera del campo de batalla de la difusa guerra contra el terrorismo. Pero el apoyo al encarcelamiento sin término ha mermado progresivamente incluso entre los republicanos. El ex secretario de Estado Colin Powell, por ejemplo, ha pedido el cierre por la mala imagen de Estados Unidos que proyecta al resto del mundo. McCain, que en su campaña lleva un mensaje de política exterior enérgica, también quiere que se clausure. El senador aún sufre las secuelas físicas de sus cinco años y medio como prisionero de guerra en Vietnam y ha sido una voz muy crítica contra los interrogatorios abusivos a detenidos, frente a la ambigüedad de sus contrincantes republicanos en las elecciones primarias. Y Guantánamo, además de representar la detención indefinida, se ha convertido en un símbolo de vejaciones, que de aquí pasaron a la prisión bagdadí de Abu Ghraib. Por su parte, Obama ve en Guantánamo, como el resto de los demócratas, un paradigma de los excesos en política exterior de la administración de Bush. Aún así, ni McCain ni Obama han especificado qué harán con los 270 prisioneros que quedan en las celdas frente al mar Caribe de la base estadounidense.